Lactancia real: lo que no te cuentan sobre dar pecho

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Por Diana Juárez Torres*

Pechos agrietados, adoloridos, secos, grandes, con bolas… No sólo eso, la incomodidad migra hacia las axilas. Apestan. Los pezones se pegan a los protectores de pezones o al brasier por la leche que llega a salirse. Y si éstos últimos te hacen una mala jugada, las blusas se manchan. También la espalda cobra factura, duele si estás en una mala postura. Para hacerlo de forma adecuada como aseguran las asesoras de lactancia, sólo debes dedicarte a amamantar. Sólo a eso. Nada de trabajar un poquito en la lap.

El tiempo que creías tener, deja de pertenecerte, ya que ahora está a merced del hambre de tu criatura. No todo es negativo, también suceden cosas lindas como la conexión con ese ser, el tiempo de apreciación de su ternura y tener un tiempo de descanso, si es que te lo das.

En el acto de amamantar se genera oxitocina. Además, al dar leche materna
proteges al bebé contra enfermedades, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Para lograr la protección de tu cría amamantándolo debes rendirte y cederle tu pecho. No sólo tu seno, tu cuerpo y tu tiempo, bueno que esto último puedes gestionarlo si aprendes unas cuantas mañas, como amamantarlo mientras caminas, o haces algunas cosas dentro de la casa o trabajas. Aunque está de por medio tu postura. Regresemos al punto del cuerpo, el cual creías que te pertenecía ahora se convierte en un lugar seguro para la cría. En un refugio. El espacio que reconoce, donde se puede dormir, calmar, incluso curar, ya que si tiene un cólico una de las recomendaciones es pegar piel con piel, y sí funciona. “Bienvenida al mundo de las mamás”, me escribió mi profesora de periodismo Guiomar Rovira en Facebook. El mensaje me pareció lindo, sí que lo fue. Pero también, lo consideré como una advertencia. Literal es otro mundo.

Un dibujo muestra a una madre cansada mientras amamanta a su bebé.
Birmingham Museum vía Unsplash

El tiempo cobra otro sentido. Ya no es día y noche, lo divides entre cada toma de la cría. Según las recomendaciones médicas, la toma debe ser cada tres horas. Pero cuando das lactancia materna exclusiva (LME) estas cifras se quedan en mera referencia, ya que puede pedirte la teta cada hora, cada dos horas e incluso cada media si está atravesando por un “brote de crecimiento”, es decir, el periodo en que el bebé experimenta un cambio físico y mental, y necesita aumentar la ingesta de leche, entonces quiere tomar cada media hora y estar pegado a ti. ¿Te imaginas qué significa eso? Terminé tres series de moda mientras amamantaba. Lo de leer en el primer mes no se me dio, ya que la vista queda un poco desgastada. No alcanzaba ni a ver los subtítulos.

La fantasía de las madres tiktokeras

Entonces, uno debe acostumbrarse a sacarse la teta cada media, hora o dos horas. Una amiga que vive en Suecia me decía que ella andaba con el pecho de fuera en su casa. Claro, después del año que le dan de licencia de maternidad, el amamantar se vuelve un hábito. Es que no se comparan los 480 días que les dan a los progenitores por cada hijo, en aquel país, a la diferencia de días que dan en México y la desigualdad basada en el género: 90 días a las madres y cinco días a los padres, en caso de ser una pareja heterosexual. En Suecia esos días se distribuyen entre los tutores, 240 para cada uno y si alguno tiene la custodia exclusiva, los 480 son para esa persona.

La licencia de maternidad en México es insuficiente para amamantar a los seis meses como lo recomienda la OMS. A esto se suma la falta de centros de lactancia, para lograr extraerse la leche fuera del hogar. Aunque ya existe toda una industria alrededor de la lactancia que puede facilitar un poco la extracción, esta forma aparentemente fancy de lactar puede costarte alrededor de cinco mil a diez mil pesos, dependiendo de las marcas que elijas.


Dentro de la lista de productos puedes encontrar: Extractores de leche inalámbricos que van de los 800
a 5 mil pesos aproximadamente, los alámbricos son aún más baratos (800 a mil 500 pesos). Cojín de lactancia (300 a 1,500 pesos). Brasieres de lactancia (200 a 800 pesos). Bolsas de almacenamiento de leche materna de 25 a 100 unidades (200 a 400 pesos). Crema para pezones (150 a 400 pesos). Protectores de lactancia o pads de 20 a 100 unidades (100 a 400 pesos). Pezoneras, protectores de silicona que facilitan el agarre del bebé en caso de tenerlos planos o invertidos (mil a mil 800 pesos). Pezoneras de plata, para prevenir y sanar grietas (mil a mil 800 pesos). Tés para aumentar la producción de leche (200 pesos). Cubiertas para la lactancia, éstas suelen usarse en lugares públicos si no quieres que te vean amamantando (200 pesos). Ropa para lactar que pueden ser vestidos o blusas
(700 a 1200 pesos). Masajeadora de pechos (mil pesos).

Y la lista se puede alargar si seguimos buscando.

Estos productos muestran cómo se ha capitalizado el acto de amamantar. Mi madrina, una mujer que está por cumplir los 60 años, me contó que para ella esto de los extractores inalámbricos era desconocido, ella lo hacía con sus propias manos o una bombita. Nada de pedirse algo en Amazon. Incluso, le desconcertó la asesoría de lactancia en mil 500 pesos que pagué para que me enseñaran a
pegármelo al pecho, el famoso “agarre”, ya que a ella le enseñó mi abuelita. En mi caso, me guían las tiktokeras. Ellas recomiendan ponerlos en el fular, una especie de rebozo, y amamantarlo mientras haces tus quehaceres. Aunque yo no he podido seguir con la rutina recomendada en el libro “Club de la 5 de la mañana”, que presumen las influencers y que empieza con tender la cama, bañarte, tomar café, trabajar y desayunar. La rutina ideal.

Al inicio pensaba que yo era la torpe, ya después hablando con una amiga feminista reforcé la idea de que era una idealización de la “esposa perfecta”, esta idea de tradwife que se ha viralizado en redes, donde las mujeres demuestran lo felices que son siendo amas de casa, así como lo cree “Chicharito” Hernández, donde se romantizan las tareas del hogar, sin nombrarlas como un trabajo no remunerado y damos un revés regresando a las mujeres sólo al campo de lo privado.

Lo que sí es un hecho es que maternar en un mundo tan acelerado es complejo. Sobre todo, en un entorno donde lo importante es producir y consumir. Porque cuando uno lacta, el tiempo se encapsula entre la teta y el bebé. En mi caso, entraba en estrés por sentir que “perdía el tiempo”, es que claro, en México la ecuación maternidad y empleo no es nada amigable. A una de mis mejores amigas le advirtieron no embarazarse si quería entrar a trabajar a una oficina de gobierno. Y si agregamos que 58% de las madres trabaja en la informalidad, conforme aumenta el número de hijos su participación laboral se reduce.

Una mujer amamanta a su bebe mientras lo mira con paciencia.
Luisa Braun vía Unsplash

54% de las mujeres que tienen un hijo tienen un empleo o están en búsqueda de uno, en comparación con 38% de aquellas con 4 hijos y 27% con 5 hijos o más, según el Instituto Mexicano de la Competitividad (Imco). El panorama se complejiza.

El otro empleo: siempre debo regresar a amamantar

Cuando he tratado de avanzar en preparar mis clases o escribir algún texto, ha sido a base de malabares, me pongo al pequeño en las piernas mientras lo amamanto o trato de escaparme en las madrugadas o me acuesto más tarde. Ya que, sólo mi esposo y yo nos encargamos de sus cuidados, salvo cuando viene mi madrina a apoyar, me puedo liberar algunas horas. Aunque también se complica, ya que al darle pecho, puedo estar máximo una hora y media libre, porque debo regresar a amamantar.

La maternidad se dificulta cuando no hay una red de apoyo que acompañe a las madres, como sucedía antes, que se vivía en casas familiares y podías encargar a la cría con la tía o la prima. Ahora, debido al flujo de la modernidad, donde el éxito es tener un trabajo estable, salirte de tu casa y vivir en tu depa, no existe una red de apoyo. A mis vecinos ni los conozco y aunque en el chat vecinal, cuando me mudé, puse que estaba esperando un bebé, las respuestas fueron reacciones con corazoncitos. ninguna expresión de apoyo. Seguramente, si yo lo hubiera leído antes de ser madre, hubiera reaccionado de la misma manera.

Las madres en México nos encontramos con la disyuntiva de dar leche materna exclusiva y la presión de regresar al trabajo. Por ello, a veces he pensado combinarlo con la fórmula, aunque llego a sentirme culpable. Por cierto, del 1 al 7 de agosto se celebra la Semana Mundial de la Lactancia Materna con la finalidad de fortalecer las medidas para proteger, promover y apoyar el derecho a la lactancia materna en toda la Región de las Américas. Pero ¿cómo podremos garantizar este derecho cuando las condiciones laborales, culturales y sociales no nos lo permiten?

Cuando una madre te diga que da fórmula o lactancia mixta no la veas feo, está haciendo su mejor esfuerzo por alimentar a su cría.

Diana J. Torres es una madre primeriza que está conociendo el mundo de la
maternidad en la era de la inmediatez, donde pararse a escribir o lactar es todo un
desafío. También da clases de periodismo en diversas universidades privadas y
públicas. En su pasado fue periodista y editora de una sección con perspectiva de
género. Ahora quiere sacarle provecho a su doctorado, maternar e investigar.

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