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Ballroom y Vogue: espacios de pose, pasarela y resistencia disidente

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¿Puede posar la marika?, ¿puede ser bonita la negra, caminar en una pasarela? Seguimos habitando un mundo donde solo ciertos sujetos tienen derecho a ser y existir, donde la blanquitud cis-heterosexual burguesa es dueña de muchas dimensiones de la vida y, a muchas de nosotras, solo nos resta re-existir, aferrándonos a la vida y arrebatando lo que por derecho nos pertenece.

Estos procesos de re-existencia no solo se definen a través de un dolor, sino que en ellos encontramos gozo, felicidad y digna rabia. Un contundente ejemplo es el cimarronaje: personas negras esclavizadas que huían de la casa de los amos para fundar comunidades en el monte, con la esperanza de recobrar la libertad que les había sido robada.

El baile, la pose, el runway y el performance son una potente arma política que hace que nuestras vidas maricas, travestis, trans, no binarias, disidentes, racializadas y subalternas sean importantes.

Waquel Drullard

A pesar de que estas son experiencias llenas de un profundo dolor, el sueño de ser libres se mantiene hasta ahora como un horizonte de fuga y posibilidad. Para mí, las pasarelas del ballroom y las rutinas de baile del vogue son una forma de cimarronaje, de re-existir y ser libre. Es un escape y una posibilidad de transformación.

El ballroom y Vogue como fuga y reivindicación

Reconozco que son muchas las formas en las que existimos, no todas las subalternidades nos localizamos y miramos desde el mismo lugar, pero, en el caso de las vogueras, definitivamente EL BAILE, LA POSE, EL RUNWAY Y EL PERFORMANCE son una potente arma política que hace que nuestras vidas maricas, travestis, trans, no binarias, disidentes, racializadas y subalternas sean importantes.

El ballroom es una cultura subalterna, desviada, racializada y no blanca que se constituye como un espacio contrahegemónico de emancipación política, subversivo y desobediente socialmente. El ballroom es un cúmulo de historias otras que celebran la existencia de quienes hemos sido definidas como las inviables y las fracasadas en este mundo hetero-cis-capitalista.

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La mayoría de las personas que habitamos esta subcultura somos literalmente personas no ciudadanas, que son consideradas no centrales en este mundo heterosexual. Las personas trans, maricas, VIH+, negras y racializadas son las protagonistas y pioneras del Vogue como una historia negra de rebeldía y oposición heterodisidente que se aferra a la vida contra toda lógica heteropatriarcal, heterosexista y racista que niega la posibilidad de ser de sujetos tercermundistas.

El ballroom, a través del figureo, la pose de revista, el modelaje y el baile, imagina vidas vivibles, para vidas que no son consideradas importantes.

Waquel Drullard

El ballroom tiene sus orígenes en Estados Unidos en los años 60, teniendo gran auge en los 70s y 80s. Como subcultura, desde su inicio se configuró como un espacio performativo de liberación y oposición de personas negras, racializadas y disidentes sexuales y de género, por lo que convierte el Vogue en una contracultura, que por definición es una forma de protesta social y reapropiación de lo que históricamente le ha sido extraído a los cuerpos negros, subalternos y disidentes: la vida.

Imaginación radical y comunidad

Foto: Waquel Drullard/Cortesía

El ballroom, a través del figureo, la pose de revista, el modelaje y el baile, imagina vidas vivibles, para vidas que no son consideradas importantes.

La imaginación radical es una herramienta política que siempre ha estado presente en la escena del Vogue/voguing como una contracultura de disidencias racializadas. Imaginar que eres una estudiante universitaria, imaginar que eres una empresaria en una importante empresa, imaginar que eres una súper modelo, imaginar que sales en la portada de la revista Vogue. Imaginar, imaginar, imaginar… son resistencias de sueños que nos ayudan a seguir vivas en un mundo que nos quiere desaparecer.

El ballroom es una espacio donde las vidas inviables que habitan las fronteras sexuales y de raza construyen sus propios horizontes de existencia imponiéndose sobre las lógicas necropolíticas del Estado nación, que jerarquiza las vidas en primeras y segundas.

Waquel Drullard

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Este proceso de imaginación radical va acompañado, sin ánimos de romantizar, de lo comunitario, de una construcción colectiva de «manada». Las personas periferizadas, negras, latinas, migrantes, precarizadas, VIH+, enfermas, no hegemónicas, no heterosexuales, desbordadas de todo régimen de ciudadanía, muchas veces eran tiradas a la calle por sus familias heterosexuales y, y al verse despojadas, sin comida ni techo, y ninguna garantía de derechos, se reunían y formaban sus propias familias elegidas, convirtiéndolas en casas que coexisten bajo sus propios razonamientos no normativos: las casas vogueras. Esto es subversivo en cuanto le llaman familia a vínculos marikas en contexto donde la única familia es la nuclear cis-blanca.

Vogue: competencia feroz para la vida

Sabemos que nadie vive fuera de la colonialidad ni del capitalismo (Foucault). Prueba de ello es la competencia feroz característica del Vogue como contracultura. Estas familias disidentes agrupadas en casas, competían y siguen compitiendo para ser evaluadas por integrantes (jueceo) que forman parte de la comunidad. Al respecto de esto pueden leer el texto Por una descolonización del Vogue, donde hago una crítica al nortecentrismo del Vogue en México.

Sin embargo, esta competencia feroz también es una clase de entrenamiento para soportar-enfrentar las violencias heterosexistas y racistas que proliferan fuera de los balls. No bajar la cabeza, seguir caminando, caer al suelo como una diva y no dejar la pose es una práctica necesaria que entrena al cuerpo heterodisidente trans racializado a no doblegar la mirada frente al escrutinio del régimen heteroracial capitalista que organiza el planeta.

Como en todo espacio social, el conflicto forma parte de los ballrooms en plural. Lo que tampoco nos excusa a reconocer las violencias transfobicas, racistas, capitalistas que allí también se dan. El enfrentamiento con estas violencias es también parte de esta subcultura, por lo que descolonizar el Vogue y descentrarlo del norte, hoy resulta una práctica anticolonial de desenganche profundamente necesaria.

Lo que amerita ser descolonizado es porque es vida. Para mi el ballroom y el vogue es espacio negro y trans que salva vidas, que resignifica sentidos, que inspira luchas y moviliza cadenas. Somos nosotras las desbordadas y afueridades del régimen ciudadano hetero-cis-blanco y funcional, que nos seguimos reuniendo en los balls desde nuestras historias prietas, sidosas e indias para resistir a través de la pose, el performance y el baile como actos políticos de reapropiación de lo que se nos fue negado por no ser la hegemonia del mundo. Imaginamos posar para Vogue no porque queramos ser las amas sino porque soñamos con ser vidas vivibles, deseables e importantes.

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Hoy Día Internacional contra la TransHomoBifobia, no quiero dejar de recordar que nuestras vidas son importantes, y que contra todo régimen sexual, racial y hetero-colonial, siempre seremos disidentes porque morir calladas nunca será una opción. 

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