El feminismo no es solo para mujeres: por qué los hombres pueden ser feministas

Un eterno debate, ¿los hombres pueden ser feministas? Esta es una respuesta desde el feminismo Negro y de mujeres racializadas

hombres pueden ser feministas
Foto. Kevin Baquerizo

“El feminismo es para, por y de mujeres” es un enunciado que escuchamos con frecuencia. Y puede parecer lógico, pero si lo miramos con más profundidad, no es tan sencillo. 

A mi parecer, considerar que el feminismo es un movimiento únicamente de mujeres es inadecuado y un tanto peligroso por dos razones: una, por por la imbricación o superposición de opresiones y dos, porque los argumentos que se utilizan para demarcar los límites del feminismo coquetean muy de cerca con la transfobia e inclusive, con el racismo.

¿Qué es la imbricación de opresiones?

El feminismo es una propuesta de transformación social que en principio fue impulsada por mujeres con el fin de liberar a las mujeres. Pero, ¿qué se necesita para que las mujeres sean verdaderamente libres?

Podríamos decir que acabar con el patriarcado, el sistema que genera relaciones de jerarquía entre hombres y mujeres. Sin embargo, liberar a las mujeres, a todas, implicaría comprender que el patriarcado no es el único sistema de opresión que las perjudica.

El racismo, como expresión contemporánea del colonialismo, y el sistema de clases capitalista, también son estructuras de dominación y explotación que afectan en gran medida a las mujeres. En especial, a aquellas que son empobrecidas, migrantes, racializadas, del sur global, etcétera.

Corrientes feministas contemporáneas de América Latina y el Caribe han hablado de la imbricación de opresiones (o también interseccionalidad). Es decir, de cómo los sistemas de opresión y dominación no son autónomos e independientes. El género por sí solo no existe, así como tampoco la clase o la raza.

No todas las mujeres somos iguales

Cuando se pone el debate del racismo, por ejemplo, el feminismo tradicional argumenta que es un movimiento que se encarga exclusivamente de tratar las problemáticas que afectan a las mujeres en razón de su género.

También se argumenta que el feminismo sólo es para las mujeres que hayan nacido así. Se apela a una biologicidad de las mujeres (como si algo así existiera), contradiciendo los postulados de feministas emblemáticas, como Simone de Beauvoir que afirmó en los años sesenta que la mujer no nace sino que se hace.

El innatismo, término que explica la filósofa Siobhan Guerrero en este video, apela a un tipo de corporalidad única y suele olvidar que las mujeres son un grupo muy heterogéneo, con experiencias distintas que no son homologables por el hecho de compartir una biología.

Simplificar la posibilidad de hacer política a partir de tener un útero o de menstruar (es decir, a características biológicas), es esencialista. Además, deja por fuera las determinaciones de género no hegemónicas como las de las mujeres racializadas, las mujeres y los hombres trans, e inclusive, de las personas no binarias con cuerpos gestantes.

¿Entonces los hombres pueden ser feministas?

Para entender por qué los hombres sí pueden ser feministas, debemos partir de la pregunta ¿qué entendemos por feminismo?

El feminismo es una postura política, ética, social, mas no biológica. El feminismo es teoría, pero fundamentalmente es práctica.

Es la posibilidad de imaginar otro mundo en donde las jerarquías entre hombres y mujeres, blancos y negros, nortes y sures no existan. En resumen, es el proyecto político de transformar el orden que rige esta realidad.

Si partimos de esta definición de feminismo, entonces cualquier corporalidad puede circunscribirse al proyecto político de transformación y justicia que beneficiará no sólo a las mujeres sino también a los hombres. A todos.

¿Y los privilegios de los hombres?

El sexismo es una es una estructura que existe mucho más allá de los hombres. En El feminismo es para todo el mundo, la activista y profesora bell hooks dice que es errónea la noción de que el feminismo es un movimiento antihombres.

Esto porque los valores patriarcales y el pensamiento sexista también pueden ser encarnados por mujeres, incluso en los espacios exclusivos para ellas. 

“La amenaza, el enemigo, es el pensamiento y el comportamiento sexista. Si las mujeres enarbolan la bandera de la política feminista sin abordar y transformar su propio sexismo, el movimiento acabará debilitándose”.

Además, hooks agrega que una transformación social verdadera solo puede darse con los hombres, quienes deben tener una conciencia feminista, cuestionar los valores de la masculinidad y considerarse políticamente antipatriarcales.

Distintas visiones del separatismo

bell hooks no es la única que ha cuestionado al feminismo separatista. En los años setenta, las feministas negras de la Colectiva Río Combahee, rechazan el separatismo en su manifiesto:

“Aunque somos feministas y lesbianas, sentimos solidaridad con los hombres Negros progresistas y no defendemos el proceso de fraccionamiento que exigen las mujeres blancas separatistas.

Nuestra situación como gente Negra requiere que tengamos una solidaridad por el hecho de ser de la misma raza, la cual las mujeres blancas por supuesto no necesitan tener con los hombres blancos, a menos que sea su solidaridad negativa como opresores raciales.

Luchamos juntas con los hombres Negros contra el racismo, mientras también luchamos con hombres Negros sobre el sexismo”.

Las feministas Negras estadounidenses hablan de que el separatismo no es una estrategia política viable porque “deja mucha gente afuera”. Y las luchas imbricadas de las mujeres negras y racializadas no pueden ser separatistas, porque afectan en la misma medida a los hombres y a todas las personas que hacen parte de la comunidad.

Sin embargo, como bien lo señalan las feministas del Río Combahee, compartir espacios políticos con hombres no implica que no se combata el sexismo. Así como, por ejemplo, compartir con personas blancas tampoco significaría el abandono del antirracismo. 

Construir en comunidad

Tenemos la capacidad de señalarle al otre que se está comportando de forma violenta. Y es responsabilidad del otre revisarse de manera constante para no reproducir violencias patriarcales o racistas.

Angela Davis dijo que no basta con no ser racista, se debe ser antirracista. Yo me atrevería a afirmar lo mismo con la cuestión del feminismo: no basta con no ser machista, se necesita ser feminista.

Por último, no deja de ser preocupante la manera en que los discursos supuestamente científicos de los determinismos biológicos han adquirido cierta importancia dentro de los movimientos sociales para legitimar a los “verdaderos” sujetos de la revolución.

Aquí me permito citar a mi amiga Jennifer Rubio, más conocida como Ciguapa, que dice que no importa quién seas sino lo que hagas.

¡Basta de biologicismos! Si el feminismo es la lucha radical por la vida, no puede estar fragmentado.