Publiqué mis fotos desnuda en internet, pero nadie lo sabe (hasta ahora)

Texto. Anónimo

Todas las personas tenemos secretos. El mío es que publiqué mis fotos desnuda en internet.

Quien me conoce, probablemente jamás se imaginaría algo así. Suelo ser algo reservada, pero cuando poso sin ropa frente a mi cámara siento un poder y una conexión con mi sensualidad que no logro sentir de otra forma.

Llevo ya varios años documentando mi cuerpo. Hay momentos en los que me gusta y momentos en los que lo odio, pero eso no impide que me ponga lencería bonita –o ninguna– y me tumbe sobre la cama para retratarlo, admirarlo y de alguna forma manipularlo a mi antojo con la iluminación y diversas poses.

fotos desnuda en internet

Me fascina ver que puedo tener 10 cuerpos distintos en uno. Uno en el que mi abdomen luce plano o en el que la lonja salta a la vista. En el que la celulitis es inminente o en donde parece que estoy hecha de porcelana. Es una exploración constante de mis pliegues, texturas y superficies.

Fue hace menos de un año cuando decidí que esa colección de fotos desnuda merecía un lugar más accesible que un disco duro guardado debajo de mi cama, pero al mismo tiempo quería mantener mi privacidad, así que decidí crear una cuenta de Tumblr (que es una plataforma de blogs) y exponerlas ahí.

Foto. Rodolfo Clix

A manera de protección, mi rostro completo nunca aparece en las fotos, tampoco rasgos particulares ni mi nombre. Nadie cercano a mí sabe de la existencia de ese blog. Nadie más que yo conoce su nombre o dirección url, pero está ahí y los caminos del internet son tan misteriosos que se puede llegar a él.

Quizá alguna chica en Francia lo descubrió por accidente y ahora regresa cada mes. O algún señor brasileño se topó con él un día y solo lo uso para hacerse una paja. No lo sé y la verdad es que tampoco me importa, porque independientemente de los demás es algo que hago para mí, un ejercicio de amor propio y exploración sexual.

Es un sentimiento muy particular el de exponerse de esa forma desde el anonimato. Me gusta que la gente vea mi cuerpo, pero que no sepa que es mío, que no lo juzgue desde una opinión sobre mi persona y, sobre todo, que no me atribuya un valor moral por hacer lo que hago. Especialmente tras haber crecido en un entorno sumamente conservador en el que cualquier impulso o curiosidad sexual inmediatamente era catalogada como obscena o vulgar.

Foto. John Rocha

Estoy consciente de que existen riesgos al llevar a cabo esta especie de performance. Y si por algún giro raro del destino se llegara a saber que yo soy quien aparece en esas fotos desnuda, al menos tengo la tranquilidad de que son fotos de las que me siento muy orgullosa por su valor estético y esencia libre, además de que me han ayudado en un proceso de aceptación y construcción de mi autoestima.

Pero honestamente espero que mi identidad no se sepa nunca. Espero poder seguir jugando este juego de la seducción desde las sombras, que es lo que lo mantiene tan excitante. Sobre todo espero seguir creciendo ese museo privado y a la vez público de mi cuerpo y en unos años más voltear hacia atrás y recordar esa fuerza sensual en mí, para así mantenerla latente.

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