‘Riot Days’, el libro que denuncia el maltrato en las cárceles femeninas de Rusia

Riot Days
En un país donde el presidente dice abiertamente que “el lugar de una mujer está en la cocina haciendo un jodido borscht”, es razonable y necesario que existan personas como la activista Masha Alyokhina, integrante del famoso grupo Pussy Riot y encarcelada durante 21 meses, quien lanza ‘Riot Days’, un libro que narra sucesos horrorosos de maltrato en las cárceles femeninas de Rusia.

La historia de Masha es contada en este libro que, por desgracia, se aleja de la ficción, por el contrario, describe sus propias experiencias mientras estuvo encerrada en la prisión de alta seguridad para mujeres en la ciudad de Berezniki, al norte de Rusia, en la región de los Montes Urales.

Una parte del libro ‘Riot Days’ fue escrito mientras estuvo prisionera y resulta, más que una autobiografía, una documentación extensa sobre el abuso que las mujeres enfrentan en las cárceles rusas, una larga lista de violaciones a los derechos humanos que ella misma experimentó.

“Al principio me enviaron a vivir en aislamiento, solo tenía un libro: era la Ley de los reclusorios, lo leí capítulo por capítulo, cuidadosamente porque todos los guardias y directivos decían que yo estaba violando la ley. Sin embargo, con el libro me di cuenta de que ellos eran los que estaban violando la ley, que tenía muchos derechos y, maldita sea, debía tratar de luchar por ellos”, dijo Masha a al sitio Broadly de la revista Vice.

Informada de su situación, Masha comenzó a escribir sobre el abuso de las mujeres en prisión en el periódico ruso Trud y para el Comité para la Prevención contra la Tortura de Chechenia. Cuando en la cárcel se enteraron que ella estaba luchando por sus derechos y denunciándolos, los guardias de la prisión hicieron su vida un infierno.

“Cada mañana me hacían revisiones desnuda, era humillante; lo hacen así para que sepas que no eres nadie, que eres una mierda del sistema”. A esto se sumaron los exámenes ginecológicos forzados: “Decían que pensaban que yo llevaba artículos herejes en mi culo y vagina y por eso tenía que desnudarme”, cuando se sabe que una revisión ginecológica no es así.

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Elegir la vida correcta y difícil

María Vladimirovna Aliójina (mejor conocida como Masha), nació el 26 de junio de 1988, y aunque podría pasar por una chica ordinaria, dista mucho de ello. Tocaba en un grupo de punk rock llamado Pussy Riot, pero las letras de las canciones eran antiputinistas y blasfemas contra la Iglesia.

En febrero de 2012 —en medio de la llamada “revolución de la nieve” contra el fraude electoral en Rusia, y justo antes de la reelección de Vladimir Putin— ella y cinco amigas más integrantes de Pussy Riot planearon un performance en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú. Entraron a la iglesia ataviadas con vestidos coloridos y pasamontañas, hicieron la señal de la cruz, una reverencia ante el altar y empezaron a interpretar —con todo y amplificadores— una canción irreverente contra la religión y Putin. Un minuto después fueron detenidas.

El 17 de agosto de 2012, fue condenada a dos años de prisión por “vandalismo motivado por el odio religioso”. Durante su encierro, ella fue reconocida como presa política. La organización mundial Amnistía Internacional la nombró una presa de conciencia, debido a “la gravedad de la respuesta de las autoridades rusas”.

Прекрасная и умная Венесуэла.

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Después de salir de la cárcel, Masha lanzó MediaZona, una agencia de noticias que denuncia y hace campaña contra las injusticias de derechos humanos, como el caso de dos mujeres convictas con cáncer, a quienes se les ha negado la liberación pese a estar en estado crítico.

“Lo que tenemos en común es imprudencia, letras con carga política, la importancia del discurso feminista y una imagen femenina no convencional”, han dicho estas chicas que, sin importar las consecuencias, muestran su inconformidad ante la represión del gobierno ruso.

Una vida en prisión

Lo que narra Masha en su libro son momentos de terror que lo mismo indignan que motivan a luchar por los derechos. Entre las anécdotas que contó en entrevista a Broadly está esta: “Ellos difundían rumores sobre mí para que otras mujeres me odiaran, abusan de las presas, les niegan el acceso a visitas, llamadas y cartas, a todos sus derechos que por ley les corresponden, y dicen: ‘Esto te pasa por el mal comportamiento de Masha’ no le hables o temerás por tu propia seguridad”.

En su vida como activista, a los pocos meses de su sentencia, Masha llevó a los tribunales a esos guardias abusivos y ganó el primer caso. Fue la primera vez que alguien logra dicha hazaña en la historia de ese penal. Algo de lo que ella se muestra muy orgullosa.

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En la misma entrevista, al respecto de las historias de prisión, la joven activista afirma que en su país no hay organizaciones benéficas para ayudar a mujeres que sufren violencia doméstica, “no hay red de apoyo, así que después de tanto abuso, es común que las mujeres maten a sus esposos, entonces toda su familia las echa, pierden su casa y todo”.

Actos inhumanos aparte, las cárceles permanecen en muy mal estado, “como en los años 30”, recalca. “La mayoría de las mujeres no tienen visitas, no tienen abogados, no tienen valentía y no tienen atención pública, trabajan 12 horas diarias, no tienen acceso al agua caliente y servicios básicos como a su higiene y medicinas”.

Si quieres saber más a detalle la historia de Masha y los problemas en las cárceles de Rusia, lee ‘Riot Days’, estará a la venta a partir de 14 de septiembre.

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