Sobre tener el Virus del Papiloma Humano y aprender a amar tu cuerpo de nuevo

Foto. Oleg Ivanov

Me diagnosticaron con el Virus del Papiloma Humano (VPH) el año pasado y, desde entonces, la relación que tengo con mi cuerpo se transformó por completo.

Tengo que aclarar que no soy experta en el tema. No soy doctora y solo hablaré de mi experiencia y de las cosas que he aprendido acerca de este virus gracias a mi ginecóloga.

Tener VPH no es cualquier cosa, es un virus de transmisión sexual que causa verrugas genitales y, en el peor de los casos, puede originar cáncer. Nunca se quita y solo existen algunos tratamientos para controlarlo.

Mas allá de los términos médicos; las citas al doctor; los exámenes y otras miles de preocupaciones que se originan –antes y después– de tener VPH, el proceso por el que pasó mi cuerpo trascendió cada aspecto de mi vida personal y hasta el día de hoy es algo que sigo trabajando.

Mi cuerpo está cambiando

Fotografías. Diana Caballero

Todo comenzó cuando noté una especie de granito color café en los labios externos de mi vulva, mismo que después de dos semanas se multiplicó y, sin darme cuenta, ya se encontraba por toda mi vulva.

En mi experiencia, tener esta clase de granitos, verrugas o «heridas», como las llamó mi ginecóloga, no me causó dolor físico, pero sí muchísima comezón y una incomodidad e inseguridad brutal con mi cuerpo.

Cuando comencé a notar la cantidad de heridas que tenía empecé a  desconocerme. Sentía que aquellas verrugas no eran parte de mi cuerpo. Me sentía sucia, no quería mirar mis genitales ni sentir absolutamente nada en ellos.

Mi cuerpo comenzó a darme repulsión, así que lo abandoné. No quería relacionarme con él y buscaba esconderlo a toda costa. Incluso dejé de hacer yoga y correr, algo que practicaba con frecuencia y me hacía sentir feliz.

Un tratamiento invasivo

A los tipos de VPH que causan verrugas genitales se les conoce como “de bajo riesgo” y existen varios métodos para combatirlos, como el láser, las pomadas y la vacuna del VPH. Sin embargo, mis primeros médicos solo me plantearon una solución: el láser.

Nunca había experimentado tanto dolor en mi vida. El trauma por el que pasé después de ver mi vulva llena de quemaduras es algo que nunca voy a olvidar, y que estoy segura pudo haber sido una mejor experiencia si a mis doctores les hubiera importado genuinamente mi bienestar físico y psicológico, en vez de darme miradas de asco y su falta de tacto.

Es muy importante que durante este proceso te rodees de doctores que te apoyen, te hagan sentir cómoda y te ayuden a sanar, por ello eventualmente decidí cambiar de médico.

Un nuevo tratamiento

Sanar fue muy duro. Después de mi experiencia con el láser acudí a otra ginecóloga que me apoyó en todo momento y me hizo sentir tranquila.

Comencé con pomadas para eliminar las lesiones y también a ponerme las vacunas del VPH que, aunque no sirven para eliminar el virus, ayudan a tu cuerpo a combatirlo mejor. Lo más importante fue que comencé a ser mas paciente con mi cuerpo.

Después del dolor del láser me di cuenta que mi cuerpo es muy fuerte y que estaba agradecida con él por intentar sanarse a sí mismo todos los días.

Ponerme pomada en la zona, sentir mis heridas y verlas seguía siendo duro, pero una vez que me puse del lado de mi cuerpo y comencé apapacharlo la sanación fue más rápida. Me di cuenta de que las verrugas eran una parte de mí y que para curarme primero tenía que aceptarlas y reconocerlas.

Mi relación de pareja

El impacto del VPH en mi vida no fue solo a nivel personal. Mi novio y yo fuimos diagnosticados con el virus al mismo tiempo y pasamos por todo el proceso juntos.

El hecho de sentir las heridas del otro fue algo que tuvimos que trabajar durante mucho tiempo. Ambos sentíamos lo mismo y teníamos el mismo tipo de inseguridades, por lo que aceptarnos uno al otro, mirarnos de frente y apoyarnos fue clave para comenzar a sanar.

Eventualmente, mi ginecóloga nos autorizó tener relaciones sexuales siempre y cuando utilizáramos protección.

Un proceso tardado…

Curar las heridas del VPH es un proceso tardado y si lo experimentas en pareja habrá un momento en donde logren estabilizarse juntos y el virus deje de estar tan activo.

Es muy importante aclarar que el VPH se transmite a través de las heridas o verrugas. Si una persona entra en contacto con dichas heridas es muy probable contagiarse. Ni siquiera el condón asegura que evitemos un contagio, debido a todo el área genital que no protege.

Aprendiendo a no juzgarme

Creo que la mirada con la que me veía a mí misma al principio del diagnóstico de VPH no era mía, sino la que me habían enseñado: una mirada desinformada, llena prejuicio hacia este tipo de enfermedades.

Me di cuenta que realmente no existe una conversación activa y abierta sobre las enfermedades de transmisión sexual. Las personas que las padecen son rezagadas e ignoradas, percibidas con asco y pena, incluso dentro de la comunidad médica.

Aprendí que la forma de combatir este tipo de enfermedades no es con rechazo, sino con inclusión y entendimiento. Si hubiera existido más información sobre el tema –sin ningún tabú– estoy segura que no hubiera sido una experiencia tan traumática.

Ahora solo estoy agradecida con mi cuerpo, fuerte y persistente, que poco a poco comienza a sentirse mío otra vez y está consciente de que estas heridas pueden regresar en cualquier otro momento, pero que ahora tenemos las herramientas –tanto médicas como emocionales– para poder superarlas.