ADN de un icono: la siempre imponente y extravagante Grace Jones

Grace Jones
Grace Jones

Si alguien merece el estatus de ícono, esa es Grace Jones. Esta imponente mujer, nacida en Jamaica en 1948, ha dejado su huella en todos los ámbitos en los que ha incursionado: a su paso por el cine y las pasarelas; en sus extravagantes videos; en sus discos y hasta en fiestas y premieres.

La reina de la épica discoteca neoyorquina de los 70, Studio 54, lo ha mezclado todo.

Aquellas combinaciones que parecían imposibles han sido norma para Grace Jones a lo largo de su carrera: desde atuendos que cubren por completo sus 1.79 metros de altura, hasta otros tan pequeños que la hacen lucir aún más alta, rocambolesca, fabulosa.

Una alquimista del estilo

Sin ningún miramiento a la hora de escoger texturas o colores, Grace Jones ha retado las convenciones de género. “Cuando me siento femenina, me siento femenina, otras veces soy muy masculina”.

Esa dualidad puede verse en dos de sus más conocidas imágenes: el desnudo en la portada del álbum Island Life. La otra, portando un traje negro, cigarrillo en boca y la mirada desafiante en la portada de su disco Nightclubbing.

Su arrojo y disfrute por experimentar con la moda, le valió reconocimiento dentro del movimiento cross dressing de los años 80.

Experimentación continua

La experimentación no ha parado para Grace Jones, quien se convirtió en un lienzo vivo para artistas y diseñadores como Keith Haring, Yves St. Laurent, Claude Montana, Helmut Newton, Guy Bourdin y Kenzo Takada, además de inundar las portadas y páginas de revistas como Elle y Vogue.

Su influencia persiste

Grace Jones es una de las 100 mujeres más grandes del rock and roll, según VH1. También ha sido influencia para artistas como Annie Lennox, Lady Gaga, Rihanna, Róisín Murphy y Basement Jaxx, quienes no han temido experimental con su estilo.

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Flashback to 1990!

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Ya sea envuelta en tonos neón, en un traje de tarántula o con look andrógino, Grace Jones nos enseña que el estilo propio trasciende cualquier época y edad y nos hace pensar que, quizás, lucir bien en cualquier atuendo es sólo cuestión de creérselo.