Mexicanas por convicción | Alma Reed, la eterna peregrina

Alma Reed
Ilustración. Michelle Dersdepanian para Malvestida

Si algo he aprendido de la vida en México, es que tengo que estar siempre abierta a las sorpresas que me llegan como si fueran enviadas por el destino.

Hace poco platicaba con una amiga, sobre cómo ella a los nueve años llegó a México de Estados Unidos con su madre. Mi amiga, que ahora tiene más de setenta años, ha vivido casi toda una vida en México, hija de una disidente socialista que fue exiliada por las cacerías de brujas del MaCartismo en los años cincuenta.

Mientras tomábamos un café me dijo “Espera, te voy a enseñar algo” y fue a buscar un álbum de fotos de los años sesenta, donde mi amiga aparecía muy joven, rubia y sonriente.

Empezó a platicarme sobre las escenas de fiestas en jardines, encuentros entre amigos, y pláticas, tertulias y batallas intelectuales, así como todos los personajes inolvidables que pasaron por casa de su mamá en Cuernavaca hace más de cincuenta años..

Mi encuentro con Alma Reed

Cuando llegamos a las últimas páginas del álbum vi las fotos de una mujer de una edad avanzada, muy elegante, sentada frente a su pastel de cumpleañera.

Mi amiga me dijo: “éstas fotos son del último cumpleaños de la periodista Alma Reed, ¿la conoces?” Señalé en negativo, y fue ese día que conocí a la gran periodista estadounidense-mexicana, Alma Reed.

La historia de Alma Reed y su relación con México empezó cuando escribía una columna sobre consejos legales para un periódico en San Francisco, California. Conoció el caso de un joven mexicano de 17 años que fue condenado a muerte en una corte estadounidense.

Armada con su pluma y sus palabras, Alma luchó por la vida del joven y al final logró conmutar la sentencia. El caso no solo benefició al chico mexicano, sino a muchos más.

Después de la cobertura del caso, se aprobó una nueva ley en California que prohibió la pena de muerte a menores de edad, y se mejoraron los mecanismos para la defensa de extranjeros en cortes estadounidenses.

Llegada a México

Dado a su compromiso a la justicia y al joven mexicano, el presidente de México en aquel entonces, Álvaro Obregón, la invitó a la Ciudad de México, y en ese mismo viaje visitó Yucatán, donde escribió una serie de artículos sobre el robo de artefactos mayas por arqueólogos extranjeros.

Fue en esta estancia que conoció al gobernador del Yucatán, Felipe Carrillo Puerto. Se enamoraron a primera vista.

Felipe inmortalizó a Alma cuando comisionó la canción “La Peregrina” como muestra de su pasión y dedicación a la joven de “ojos claros y divinos”. Sin embargo, la historia de amor entre Alma y Felipe no tuvo un final feliz.

Un amor marcado por la tragedia

Cuando Alma viajaba a San Francisco para preparar su boda inminente, Felipe fue asesinado en Mérida durante un levantamiento político.

Con el corazón roto, Alma decidió seguir su carrera periodística entre los Estados Unidos y México, y en 1954 se instaló de manera permanente en la Ciudad de México hasta su muerte en 1966.

Recordando a Alma Reed

Alma siempre fue una defensora de la riqueza cultural mexicana desde la primera vez que tocó suelo mexicano. Por esta razón, decidió quedarse y elegir la nacionalidad mexicana en sus últimos años.

Cuando la vi en la foto que fue tomada en uno de sus últimos cumpleaños, en ese jardín verde de Cuernavaca, me llené de una sensación de nostalgia por no haberla conocido en persona.

Para mí, Alma Reed es un ejemplo a seguir, ejemplo de que es posible crecer y florecer dónde uno se encuentre, que es posible lograr y luego perder el amor y seguir viviendo y prosperando en el mundo.

Esta nota forma parte de nuestra serie “Mexicanas por convicción”, la cual explora la vida de célebres mujeres extranjeras nacionalizadas mexicanas. Si te gusto este texto, conoce también a Gertrude Duby Blom, la suiza que refloreció en la Selva Lacandona.