Cuando hay amor, pero también falta de sexo en una relación: ¿qué sigue?

falta de sexo

Foto. Rawpixel

Necesitamos hablar sobre sexo. O más bien sobre la falta de él y lo común que esto llega a ser en las relaciones.

La realidad es que no es un tema popular. Nadie quiere admitir que lleva meses –o incluso años– sin tener intimidad con su pareja, porque como sociedad consideramos que el sexo es un elemento indispensable de toda relación sana, aunque no siempre sea el caso.

Habrá personas para las que la falta o disminución significativa de sexo no sea un problema, pero existimos quienes necesitamos esa constante conexión corpórea y espiritual.

Confesando mi falta de sexo

La primera vez que hable sobre la falta de sexo con mi pareja, fue con mi mejor amiga. Le comenté que mi chico y yo –que llevamos varios años de relación y un par viviendo juntos– llevábamos meses sin tener ningún tipo de contacto sexual y que a pesar de que todos los otros aspectos de nuestra relación funcionaban de maravilla, no lográbamos generar de nuevo ese deseo.

Para mi sorpresa, mi amiga me reveló que a ella le había pasado exactamente lo mismo con un ex, al punto de pensar que quizá él era asexual, ya que no parecía tener interés alguno en el tema y ella era la que constantemente insistía en ponerle solución.

Tiempo después me encontré con un amigo muy querido y mientras neteábamos con vino en mano le confesé que mi relación estaba en un periodo de sequía sexual. Él me dijo que era “normal” y que él y su esposo, aunque se amaban locamente, se encontraban en la misma situación, por lo que habían decidido ir a terapia.

Otro par de amigas también confirmaron haber tenido esa experiencia en relaciones largas.

Que no se hable no quiere decir que no suceda

El simple hecho de comentar el tema de la falta de sexo con personas cercanas a mí y que mencionaran que también lo habían vivido, me hizo pensar que quizá es algo que sucede mucho más a menudo de lo que imaginamos. Y no solo eso, sino que también abre muchas aristas para pensar y replantear nuestras relaciones sexoafectivas.

¿Es la disminución o falta de sexo un proceso inevitable para las parejas a largo plazo? ¿Habría que aceptarlo como es o replantear nuestros esquemas de relaciones y la forma romántica en la que vemos el sexo?

Una vez una persona mucho mayor que yo me dijo que cuando llevas mucho tiempo con una persona el sexo pasa a segundo plano, pero que no importa tanto porque la relación ya tiene otras bases fuertes (llámese más confianza, hijos, compromisos, amistad, patrimonio, etc.) de las cuales sostenerse. Sin embargo, no creo que pueda ser mi caso.

Amo el sexo, lo disfruto total y plenamente, y el hecho de que no suceda con mi pareja es algo que resiento profundamente y afecta mi estado de ánimo, autoestima e incluso la percepción de mi sensualidad. La falta de sexo en una relación no es algo a lo que podría acostumbrarme.

Buscando una solución

Mi novio y yo comenzamos a ir a terapia para descubrir qué es lo que está originando este distanciamiento en la cama y saber si tiene solución. Ha sido un proceso complejo y agridulce, porque sabemos que está la opción de que ni todo el amor o terapia del mundo sean suficientes para sostener una relación sin intimidad, pero creo que en la medida en la que podamos ser más honestxs respecto a estas situaciones nos daremos cuenta de que no somos las únicas personas atravesando por la falta de sexo y que hablarlo nos ayuda a sentirnos menos solxs.

Otras formas de ver una relación

Las relaciones abiertas o poliamorosas son alternativas para vivir las relaciones y el sexo desde otra perspectiva, aunque al ser algo que va contra la “norma” social, para muchas personas resulta difícil imaginarse en una relación compartida. Supongo que sería cuestión de probar y ver cómo nos hace sentir.

Por lo pronto, procuro que esta experiencia sea una oportunidad de aprendizaje y crecimiento, ya sea en el noviazgo, si logramos solucionarlo, o de forma individual, si descubro que el valor que le doy al sexo está por encima de cualquier otra estabilidad que una relación de pareja pueda ofrecer, y que es algo que no estoy dispuesta a dejar ir.