Blanco, privilegiado y millonario: así es el México de Netflix

México de Netflix

Made in Mexico / Foto. Netflix

Cuando en 2015 Netflix anunció su primera serie original producida en México, Club de Cuervos, hubo gran emoción. No solo porque tocó un tema apasionante, como el futbol, sino que significó la primera apuesta de la plataforma de entretenimiento por el talento nacional.

La trama: los hermanos Iglesias, provenientes de una familia adinerada, heredan el equipo de futbol tras la muerte de su padre y se enfrentan a todo tipo de retos que los obligan a salir de su zona de confort.

El personaje de Chava Iglesias (Luis Gerardo Méndez) recordaba muchísimo a otro mirrey de la ficción, Javi Noble, lo cual no es extraño si tomamos en cuenta que Club de Cuervos y Nosotros los Nobles son obra del mismo director, Gaz Alazraki.

La serie tuvo buena aceptación e incluso un spinoff con La Balada de Hugo Sánchez. Así, Netflix comprobó, no solo que México ya tenía una audiencia preparada para consumir contenidos nacionales, sino la línea de tramas y personajes que, al parecer, la gente quiere ver.

Gente blanca, privilegiada y millonaria

Otra de las producciones mexicanas exitosas de Netflix fue Luis Miguel, la serie.

Muchos pusimos los ojos sobre la pantalla cada domingo para enterarnos de los dramas en la vida de Mickey y la evolución de su carrera, pero también para ser testigos de cómo vive el 1% de la población mexicana que acumula el 95% de las riquezas del país, aquella para la que las mansiones en Acapulco, los chalets en Aspen y los viajes a Europa en jet privado son cosas de todos los días.

La vida en las Lomas

A la producción de “El sol” le siguió La Casa de las Flores, de Manolo Caro, una serie-novela con una trama que gira en torno a una familia pudiente de las Lomas (una de las zonas más exclusivas de la Ciudad de México) que se enfrenta a dramas familiares y duros problemas económicos (que no les impiden vivir en una mansión, obvi).

Ahí vemos el perfil de la señora de sociedad; la hija que vive en Nueva York o el hijo “entrepreneur” que aún no emprende en nada. Una vez más, Netflix nos ofrece un vistazo a esa sociedad entregada a la opulencia en casas gigantes, ropa de marca y autos de lujo.

El México de Netflix

Justo cuando pensábamos que Netflix podría estar listo para mostrar una realidad distinta de nuestro país, llega Made in México, el reality show que “sigue la vida de nueve miembros bien conocidos de la alta sociedad, revelando las vidas imperfectas de una élite aparentemente perfecta”.

Por si fuera poco, en 2019 Netflix estrenará Monarca, serie que, según el comunicado oficial, “seguirá el mundo de la élite mexicana adinerada y plagada de corrupción, escándalos y violencia”.

Al ver la línea narrativa principal que Netflix ha decidido seguir, es inevitable cuestionarse, ¿son las historias de la élite las únicas que merecen ser contadas, las únicas capaces de generar intriga o levantar rating?

¿De quién es la culpa?

Está claro que si Netflix produce ese tipo de contenidos es porque sabe que le gustan a su audiencia, y eso está bien. No tiene nada de malo.

Lo que resulta desgastante es que, una vez más, la complejidad de nuestro país se reduzca a protagonistas que son estereotipos de telenovela viviendo en una realidad paralela a la del mexicano de a pie, muy lejos de los problemas y frustraciones a los que la mayoría de la gente se enfrenta todos los días.

La belleza del caos

Sería maravilloso que una plataforma que se distingue por apostarle a la diversidad de historias, como Netflix, se animara también a darle voz a protagonistas más complejos y de contextos diferentes, para así mostrar la variedad de personajes que hay en México.

Por ejemplo, a quienes toman el transporte público todos los días o pasan más de 10 horas en un trabajo donde les pagan el salario mínimo. A quienes no tienen “palancas” para mover las cosas a su favor ni nacieron en cuna de oro. A quienes se enfrentan al racismo, al clasismo y a quienes luchan por preservar su cultura indígena en una sociedad que los oprime.

O qué tal un/a protagonista que tenga que lidiar con la frustración de vivir en una cultura machista, que no tenga acceso a la educación por tener que trabajar o que no responda a los cánones de belleza estilo Televisa. Todas esas historias también merecen ser contadas, ya sea en thrillers, dramas, documentales o comedias.

El verdadero reto sería explorar la belleza que surge del caos cotidiano que significa vivir todos los días en un país tan surrealista como México.