Así ha sido aprender a lidiar con mi depresión y ansiedad en el trabajo

depresión y ansiedad en el trabajo

Foto. Rawpixel

Hace un año tuve un trabajo de más de 16 horas diarias, sin descanso, en una oficina que en realidad era un sótano, donde el aire acondicionado era muy frío. Fue un día de enero cuando mi cuerpo y mi mente no pudieron más. Caí. No me podía levantar, tenía ataques de pánico que me despertaban. No podía dejar de llorar. Perdí el apetito.

Consulté a mi psiquiatra y me recordó un diagnóstico que ya había escuchado antes. Tengo trastorno de depresión mayor y ansiedad y estaba en una crisis provocada por estrés laboral. Estuve a punto de ser internada. Las cosas se pusieron muy rudas. Dejé ese trabajo porque trabajar en política requiere que estés 24 horas al día pegada al celular y mi mente no podía dar eso.

Depresión y ansiedad en el trabajo

Eventualmente, llegué a un nuevo trabajo donde todo me parecía maravilloso. Trabajaba 8 horas al día, desde mi casa. Comía bien. Dormía bien. Cultivé relaciones sanas. Todo era bello, hasta que me ascendieron. El puesto de dirección requería mucho más trabajo. Empecé a trabajar de sol a sol y un poquito más. El que fuera desde mi casa no disminuyó el estrés. Una vez más, caí en una crisis.

Me dio colitis por 3 meses y después de eso tuve un ataque de pánico en la oficina en una junta. Desde ese primer ataque de pánico he tenido cientos otros. El aumento de estrés resultó en que cayera en una crisis profunda. Tuve que dejar mi trabajo porque mi mente y mi cuerpo no podían, una vez más.

Cambiando el trabajo por salud mental

En un lapso menor a dos años he tenido que dejar dos trabajos donde me gustaba mucho lo que hacía, por salud mental. Nos enseñan que somos lo que hacemos. Yo ya no puedo hacer lo que hacía, por lo menos no en las mismas condiciones, pero parece que el panorama para cualquier persona joven es trabajar en condiciones casi explotativas, sobrevivir, o tener una crisis psiquiátrica. Además de que muchos de estos empleos no ofrecen prestaciones, así que una tiene que pagar su médico del bolsillo propio.

La psiquiatría es carísima. También la gastroenterología. Entonces si somos lo que trabajamos, ¿yo soy un fracaso? Decidirme a dejar de hacer lo que amo por salud ha sido muy difícil. Me entra el síndrome de la impostora. Me entra la ansiedad. Me entran los pensamientos negativos. He dado entrada a pensamientos muy oscuros donde me siento fracasada por «no poder».

¿Cómo trabajar, entonces?

¿Cómo cuidar mi salud mental y trabajar? De nada sirve trabajar para poder vivir si estoy tan deprimida que no quiero vivir. Tengo que buscar un entorno laboral en el que el estrés sea manejable, en donde no trabaje más de lo que puedo dar al día. Donde tenga tiempo para sentarme a comer bien, ejercitarme, convivir con humanos, leer.

Esto es algo que suena casi imposible, pero de alguna forma lo tengo que encontrar, si no, voy a morir en el intento. No quiero ser una de esas millennials flojas que los mayores tanto critican. Quiero trabajar 8 horas al día máximo, que eso me genere suficiente dinero para vivir cómodamente.

Quiero no estar en un estado perpetuo de emergencia.

Reconociendo mis límites

El primer paso para lidiar con mi depresión y ansiedad en el trabajo es reconocer mis límites. En la segunda ocasión que esto me pasó, supe identificar las “banderas rojas” como para que mi crisis no fuera tan grave como en la primera ocasión. Espero que la siguiente vez que sienta que estoy llegando al límite, pueda evitar la crisis.

Conocer mis propios límites es elemental para cuidar de mí misma. Para mí, algunas señales básicas han sido: empiezo a tener problemas estomacales, problemas para dormir, despierto fatigada, me empiezo a morder los dedos hasta sangrar. Hacer caso a lo que mi cuerpo me comienza a decir puede salvarme.

La depresión como tabú

Lamentablemente, en México, la salud mental es todavía un tema muy tabú. La gente tiene muchas preconcepciones de lo que es la salud mental, no saben lo que es la depresión y cómo nos afecta. Desconocen que somos personas neurodiversas y que nos movemos de forma distinta. Creo que la mejor herramienta que he podido desarrollar durante todo este proceso es la de la apertura.

Ser honesta con las personas que me dan empleo ha resultado en compresión más veces que no. No debería ser así, pero nos toca a nosotras hablar con la gente arriba de nosotras y hacerles entender que tenemos límites, que queremos hacer nuestro trabajo bien, pero que necesitamos ayuda de vez en cuando.

Quiero creer que evolucionaremos para ser una sociedad donde todas las personas sepamos cómo lidiar con nuestra propias necesidades y la de las demás personas. Donde los empleos no sean explotativos y tengamos prestaciones (de ley, por lo menos).

Mientras tanto, nos toca, darle con todo, y darle con todo incluye aprender a decir “ya no puedo”.