Por qué creo que llorar en la oficina debería ser un derecho laboral

llorar en la oficina

Foto. Jeshoots

En mis épocas de reportera de redacción (en un conocido periódico) tuve una jefa que me mandó llamar a su escritorio para decirme: “Aquí se viene a trabajar, no a llorar”, así sin más, sin preguntarme si estaba bien o qué me pasaba; ella solo usó su poder de jefa para señalar algo que no era bien visto en la oficina y que evidentemente no debía hacer.

Digo, tampoco es que estuviera berreando frente a la computadora o haciendo un papelón que distrajera a todo el personal. Estaba cabizbaja y llorando “en discreción” mientras tecleaba y terminaba mis notas, porque, como a todxs nos ha pasado, a veces una ya no aguanta y las lágrimas son inevitables… Al final no somos máquinas sin sentimientos, aunque a las empresas les incomode.

Cuando mi jefa me reprendió me quedé helada, en un instante se me quitaron las ganas de llorar y sentí vergüenza. Pero aquella experiencia desató en mí un montón de cuestionamientos: ¿por qué era tan mal visto llorar en la oficina? ¿eso me hacía menos  profesional? ¿es mejor esconderse en el baño y llorar ahí? ¿hay algún motivo que sí justifique llorar en tu escritorio, no sé, quizá la muerte de un ser querido o un dolor físico?

En ese momento no fui capaz de decirle nada, mi primer instinto fue disculparme, pero las palabras no salieron, así que sólo asentí con la cabeza y seguí trabajando. Regresé a mi lugar llena de culpa por no saber controlarme y clavé la cabeza en el cubículo para esconder cualquier rastro de lágrimas en las mejillas.

Agenda de llanto

Recuerdo que le conté a mis compañeros lo que había pasado y uno de ellos me dijo: “es que las mujeres deberían agendarse una hora para llorar”. Y ahí fue cuando me di cuenta que la mayoría de los espacios de trabajo están diseñados bajo un concepto de masculinidad tóxica (en el que llorar = débil) y aún conservan ese aire militar que no ha cambiado a través de los años, eso y que la mayoría no sabe qué hacer ante las lagrimas.

Llorar en la oficina como algo ¿normal?

Para Jennifer Palmieri, quien fuera directora de comunicación de la Casa Blanca durante la administración de Barack Obama, llorar en la oficina es algo normal y no debería ser juzgado o visto como un signo de debilidad.

“Cuando algo es importante o apasionante para mí, me dan ganas de llorar; a veces me pasaba en la oficina o en alguna junta, y es muy frustrante cuando la gente te dice que llorar en la oficina ‘no es profesional’, pero lo que en realidad significa es: eso no es lo que hacen los hombres”, compartió Jennifer en una entrevista para el sitio Refinery29.

La importancia de tener empatía

He llorado en el trabajo y he visto a otras hacer lo mismo, y  no debería ser un estigma godín o una oportunidad para humillarte frente a otros. Se supone que una debe darlo todo en un trabajo y ‘ese todo’, queridos jefes y jefas del mundo, incluye llantos y otras emociones que a veces son imposibles de silenciar.

Creo que lo importante es tener empatía y entender al de al lado, preguntar qué pasa antes de juzgar o poner los ojos en blanco porque, otra vez, fulanita está llorando.

Si pudiera regresar el tiempo me gustaría decirle a mi ex-jefa, ¿quién dice que no se puede llorar y trabajar en la oficina? o ¿qué falta administrativa estoy violando por sentirme mal? Pero las máquinas del tiempo no existen, así que lo cuento para que otras mujeres no tengan pena de llorar en su cubículo, que sepan que no deben disculparse, sentirse inferiores o perder la confianza en ellas mismas por expresar la tristeza, la felicidad o la pasión con unas lagrimillas. Lo mejor es dejar salir el sentimiento, tomar un respiro y volver al ruedo cuando estés mejor.

Si alguien te molesta sólo dile que estás tomando tu hora para llorar en la oficina, que, aceptémoslo, en estos tiempos de incertidumbre debería ser un derecho laboral.