Crónica de la primera vez que me compré un vibrador

juguete sexual

Foto. GIGI™ 2 de Lelo

Mi mejor amiga, Daniela, y yo vivimos en países diferentes. Sin embargo, cada vez que nos vemos hablamos por horas y horas como si aún estuviésemos las dos viviendo en el mismo lugar. 
Uno de los temas más recurrentes en nuestras conversaciones es el sexo, y no solo lo rico que es, sino lo raro que fue que ambas crecimos en una escuela religiosa en la que cada día nos decían que tener sexo antes del matrimonio era un pecado mortal. Todo mal, todo mal.

Hace poco, Dany vino a visitarme y le confesé que, a pesar de haber tenido relaciones con diferentes personas, nunca había tenido un orgasmo. Bueno… que en realidad no sabía si había tenido un orgasmo o no. A lo que ella me preguntó: “¿Cuándo te masturbas tampoco?” y la respuesta fue no, porque no me masturbo nunca.

“Tienes que saber qué es lo que te gusta para luego poder comunicarlo con la persona que estás teniendo relaciones. Deberías intentar masturbarte”, contestó mi amiga.

¿
Masturbarme? Por años culpé a las monjas de mi escuela por haberme lavado el cerebro y producir un bloqueo sexual extraño en mi cabeza, pero Daniela y yo decidimos que era momento de hacer algo al respecto y fuimos a una sex shop a comprar mi primer vibrador.

Un shopping diferente…

Fue un domingo por la tarde, justo el último día de la visita de Dany. La tienda quedaba medio lejos de donde vivo, pero sabía que tenía que comprarlo. Tenía que ser ese día y acompañada de mi mejor amiga.

Daniela y yo entramos a la tienda y, después de merodear un rato (y ponerle de nombre Natasha a una muñeca de silicón que colgaba del techo), nos acercamos al mostrador, donde un señor de unos 55 años nos atendió de manera bastante profesional y muy amable.

“¿En qué te puedo ayudar?”, me dijo.

”Estoy buscando un vibrador… Es mi primer vibrador, así que estoy buscando algo bastante sencillo. Algo así como un vibrador para principiantes”. También aproveché para mencionarle cuál era mi presupuesto.

“¡No digas más!” dijo el señor, mientras sacaba un vibrador negro de silicón que tenía forma de pene y se veían hasta las venitas.

“Uhmmm, ¿no tiene algo un poco más discreto?”, pregunté. Entonces el señor de la tienda prosiguió a mostrarnos diferentes vibradores y nos dejó probarlos (solo sobre nuestras manos, obvio) para sentir las diferentes vibraciones. También nos explicó las cualidades de cada uno: que si lleva baterías, que si se carga a la corriente, que si es contra agua, que si es nada más para el clitoris o también vaginal, anal, etc…

Al final me compré uno llamado DIVE de la marca Vibe Therapy. Tiene 7 tipos de vibraciones, es rosa y es contra agua. Fue algo así como amor a primera vista.

Descubriendo un mundo de placer

Nos quedamos hablando con el señor de la tienda un ratito más y es increíble la cantidad de cosas que existen para el placer sexual. Por ejemplo, me puse en los labios unas gotitas de cannabis que puedes ponerte en la vulva o en el pene y producen una sensación de hormigueo (amigues, sí funciona); vimos unas nalguitas de silicón muy interesantes, anillos vibradores, películas eróticas, dildos con brillantina, etc.

Finalmente pagué y salimos de la tienda, yo sintiéndome la mujer más empoderada del mundo.

Jamás olvidaré ese día y estoy eternamente agradecida con mi amiga por haberme acompañado en esta experiencia de autodescubrimiento sexual. Me emociona saber que estoy empezando una nueva etapa de amor personal. Estoy lista para conocerme más y descubrir qué es lo que me gusta y cómo me gusta. 
Así que si me permiten, voy a consentirme un rato.

*bzzzzzzzz bzzzzzz bzzzzz*