¿De verdad todos los seres humanos necesitamos terapia psicológica?

Sí. La respuesta es sencilla y contundente: “sí, todxs necesitamos terapia psicológica”. Las razones particulares pueden ser muchas, pero las generales son pocas y nos afectan así, en plural.

Existen varios motivos por los cuales cada persona necesita ir a terapia psicológica. Tras años de tomar terapia y aprender sobre el tema, puedo englobar las cuatro principales razones.

Todxs cambiamos

No importa si eres conocida como la persona más feliz del mundo. Dentro de ti sabes que tienes esos momentos obscuros donde necesitas que alguien te anime y te recuerde que todo estará mejor. La terapia te da perspectiva y hace que recuerdes que, aunque este es un bache, pronto vendrá otro cambio y verás las cosas de manera diferente.

Necesitamos un punto de vista objetivo

Por bien que te trate tu terapeuta, por amable que sea, está haciendo un trabajo. Su chamba es aplicar todo lo que aprendió durante años de universidad para entender lo que le cuentas desde un punto de vista objetivo. Esto te permite ver tu vida desde una lejanía cómoda. Ahí es donde están las soluciones a los problemas.

Alguien que nos recuerde lo básico

Respirar. Tomar un tiempo para nosotrxs. Olvidarnos del mundo y concentrarnos en lo que nos pasa, en lo que sentimos. Pensar sobre eso que nos preocupa como si no nos estuviera pasando. Recordar que esto que nos aqueja ahora es solo un momento dentro de todo lo que estamos por vivir y todo lo que ya hemos vivido. Esos 45 minutos de terapia están llenos de información que olvidamos y nos ayuda a seguir todos los días.

Ejercitar la paciencia

No hay pastillas mágicas que mejoren la vida. Básicamente porque la vida no mejora por si sola, eres tú quien la hace mejor. Y conseguir que tu vida sea mejor, que sea como quieres que sea, es un proceso largo lleno de pasos pequeñitos que a veces pesan mucho. Ir a terapia y atender al proceso te hace valorar cada esfuerzo y el resultado de cada paso.

¡¿Pagar por contar mis problemas?!

Hay mucha gente que podría preguntarse ¿por qué estos cuatro efectos básicos no funcionan si se reciben de alguien que no es tu terapeuta? Si de hablar de problemas se trata, una buena amistad, mamá o algún otro familiar podrían ayudar. La respuesta a este planteamiento es sencilla, pero compleja.

Por la predisposición medica. Los protocolos existen por muchas razones, una de ellas es asegurarse de que todo lo necesario para arrancar un plan esté listo. Otra razón es que, al arrancar protocolos, los involucrados se ponen en un mood mental donde están completamente dispuestos a colaborar. Si organizas una fiesta y avisas que será fiesta, y le pides a cada quien algo, comida, bebida, una lista en Spotify… todos llegarán asumiendo qué clase de reunión es y se comportarán en consecuencia.

Así justo llegas a terapia: predispuesta a hablar con otra clase de sinceridad, en otros términos. Mucho más desvestidx de tus prejuicios, pero también, más prudente y dando más información. Entrar en esta convención ayuda a soltar, a hablar con una renovada desnudez emocional que no tienes con otras personas.

Cuando le pides ayuda a un amigo o amiga lo haces sin confiar plenamente en su juicio. En gran parte pedimos ayuda emocional a nuestros conocidos porque queremos que nos digan algo en específico, y cuando no lo hacen, nos frustramos. No obstante, cuando un terapeuta nos dice algo, no cuestionamos su consejo. Con las amistades tenemos una historia, todo lo que nos dicen está cargado de aquellas experiencias que tuvimos juntas o separadas; de todo lo que nosotras mismas juzgamos sobre ellas.

Al terapeuta no lo conocemos ni tantito, no sabemos cómo se lleva con su pareja, sus hijos, si tiene buena o mala relación con sus colegas… Vaya, no tienes un sólo dato personal sobre cómo interactúa con los demás, pero sabes que estudió para ayudarte y ahí te apoyas para comprender y recibir su consejo o indicaciones.

Ya sea porque estás pasando por un momento difícil o porque quisieras mantenerte en paz, la terapia siempre es buena idea. Que no te dé miedo intentarla.