Queridos doctores, dejen de diagnosticarme ‘gorda’ cuando necesito curar una enfermedad

diagnosticarme 'gorda'

Foto. Jennifer Burk

**Texto: Yara Camacho**

Ir al doctor no es la actividad favorita de nadie (o casi nadie). Usualmente significa que te sientes horrible y que  vas a gastar 3/4 de la quincena en medicamentos y consultas —claro, para quienes no tenemos seguro o no usamos servicio público. Si eres una persona gorda, la experiencia es incluso más divertida.

Hace unos días tuve que ir porque se me infectó una herida en la pierna y necesitaba que me dijeran cómo acabar con la agonía. La agonía, en realidad, estaba por comenzar, cortesía de la doctora que me atendió.

Después de estar whatsappeando mientras yo la esperaba y, luego, de revisarme entre bromitas y “jijiji-jajaja”, se puso seria:

— Tienes que bajar de peso.

— ¿Cuánto pesas?

— Pero, ¿sí has intentado bajar?

— ¿Y desde chiquita has sido “así”?

— ¿Ya te hiciste análisis para ver si es la tiroides?

— Voy a tomarte la presión.

Diagnóstico: GORDA.

Tristemente, puedo decir que, para mí, fueron preguntas “de rutina”. Perdí la cuenta de todas las veces en mi vida que me han diagnosticado estar gorda. Aun cuando mis malestares son ocasionados por cosas bastante alejadas de mi peso. Al parecer, no hay un solo mal en este mundo que no esté relacionado con mis lonjas.

Al hablar sobre mi experiencia, me pude dar cuenta de que no he sido la única a quien han diagnosticado como gorda en todo lugar y en todo momento. Triste, pero cierto, reuní testimonios similares (o peores) al mío.

Luis

Fui al doctor porque me dolía el pie (tenía gota), no podía caminar. El médico (o pasante) me dijo: ¿Y cómo no quieres que te duela el pie? ¡Si ve cuánto pesas! Me dijo que tenía que hacer dieta y ejercicio, bajar de peso y que con eso se me iba a quitar.

No me recetó ninguna medicina para calmar el dolor, ni me dio incapacidad para justificar mi falta en el trabajo. Tomé el número del nutriólogo que me recomendó, lo arrugué, lo tiré a la basura y juré jamás regresar.

Desde entonces, cambié mi alimentación, hice ejercicio y el dolor se fue. El mal trago que viví cuando fui a consulta, no se me olvida ni se me olvidará. Tengo grabada la expresión burlona del doctor en mi mente.


Lisandra

Aumenté 20 kilos en tres meses. Fui de doctor en doctor, de especialista en especialista, sin encontrar uno que me dijera qué tenía. Sus respuestas: “estás gorda, deja de comer y baja de peso”. Por más que les dije y hasta les grité que la gordura era un síntoma, primero me dieron antidepresivos y ansiolíticos que me pusieron loquísima porque mi cerebro no los necesitaba.

Diez años y 30 especialistas después, con 50 kilos de más, estando inconsciente (dormida) 3/4 de mi vida y a nada de un coma hipotiroideo, encontré a un médico que me diagnosticó correctamente. No, no era gordura, sino hipotiroidismo.


Mayra

Una vez fui a consultar porque padezco fascitis plantar desde hace años y salí con una cita para ir con la nutrióloga del hospital. Para colmo, el doctor me decía “ay, con esa cara puedes ser modelo, nada más baja de peso y ya quedas lista”. Llegando con la nutrióloga (porque sí fui), me hizo un montón de shame porque “tan bonita y tan gorda”, enfrente de todos sus practicantes.

Juan Carlos

Fui a al doctor porque antes sufría de los bronquios y, después de checar ese problema de salud, lo clásico: me pesó y me dijo “deberías probar una dieta”. La cosa es que, pues sí te sientes incomodo. O sea, sabes que estás gordo, pero sí se siente incómodo que te lo digan. Ya, de la pena, le contesté: “sí, de hecho ya voy a sacar mi cita con el nutriólogo”.

En la receta, me escribió los medicamentos que iba a tomar y unos “tips” de alimentos sanos que podría comer para comenzar…

Ale

Una vez fui al doctor porque tenía una infección en el oído. Me empezó a preguntar cosas rarísimas después de pesarme: ¿desde que subiste de peso, puedes respirar igual? ¿Hace mucho que tienes sobrepeso? Cuando estás ansiosa, ¿comes? ¿A veces comes mucho y te da mucha culpa? Después de 40 minutos de sermón sobre mi peso, diciéndome que cambiando mis hábitos alimenticios “la vida iba a funcionar mejor para mí”, salí con el número de un psicólogo para que me ayude con mi “desorden alimenticio”. Del oído, me dijo que no tenía nada.

Mariana

Pasa el extremo contrario. Mil veces fui con varios ginecólogxs por síntomas bien raros y, como me veo “delgada”, nunca me pidieron un perfil tiroideo… y eso que yo tenía síntomas tan básicos que se encuentran en la Wikipedia.

Resultó que tengo hipotiroidismo y, la razón por la que no le atinaron a mi diagnóstico en taaaaaanto tiempo fue porque “yo debiera estar gorda y no lo estaba”. Pero eso sí, me llené de quistes en ovarios, senos y la prolactina se me subía cual mujer embarazada. Estar delgada fue contraproducente.

No obtuve un diagnóstico acertado hasta que me informé con mis amigos médicos lo que podría tener. De verdad, creí que me estaba volviendo loca en todo ese tiempo.

Ya sáquense de la mente que gordo=enfermo y flaco=sano.

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Después de leer todos los testimonios, no puedo parar de preguntarme: ¿qué tan confiable puede ser el diagnóstico de un doctor que no puede ver más allá de su gordofobia?

Nadie ha muerto de incomodidad porque el médico le diga “gordo” en consulta, es cierto. No obstante, los prejuicios que asocian a la gordura con absolutamente todos los males, deberían preocuparnos y mucho.