10 mamás nos confiesan los peores regalos que recibieron el Día de las Madres

Foto. Studio 7042

El Día de las madres suele ser una fecha de abrazos, mañanitas, júbilo, regocijo, cursilería, comilona, ji ji ji, ja ja ja, pero toda esta felicidad se puede nublar si la festejada no recibe un regalo digno de su esfuerzo como madre. ¿Exageración? No. Le preguntamos a diferentes mamás sobre los peores obsequios que les han hecho el 10 de mayo y encontramos verdaderas historias de terror.

A juzgar por los testimonios recopilados, descubrimos que muchas veces recibir como obsequio un plancha nueva para remplazar la que se quemó no fueron los peores episodios. Hay más…. Y  los puedes leer a continuación.

“Por mucho, lo peor que me han regalado vino de mi exsuegra. Se le ocurrió darme de regalo una caja forrada de tela para poner las toallas femeninas. Ese matrimonio no duró, pero no culpo a la caja de toallas”.

 

“Vamos a resumir todo en que, cierta vez, una de mis hijas me dio una funda para matamoscas. En su escuela le dieron unos pedazos de fieltro y unas lentejuelas para hacer ese hermoso regalo de día de las madres. Desde entonces, esta anécdota se ha vuelto una broma familiar”.

 

“Mi esposo y mis hijos saben que amo las plantas y las flores. Por eso, en mi cumpleaños o el Día de las madres solían darme algún arreglo de flores acompañado de electrodoméstico (que no eran tan agradables, aunque fueran de utilidad para toda la familia). Sin embargo, un 10 de mayo llegaron mis tres hijos cargando un inmenso arreglo con flores de plástico. Nada más horrible y decepcionante, ¿como para no darme flores nunca más o qué?”.

“Lo peor que me regalaron fue una plancha. Hasta la fecha odio planchar, pero a mi exesposo le encantaba y lo hacía muy bien, así que cuando se echó a perder la plancha de la casa pensó que sería bueno darme eso de regalo. Con una sonrisa le dije ‘Hay, qué lindo, muchas gracias’, pero por dentro estaba mentando madres”.

 

“Una vez mis hijos decidieron hacerme una comida en la casa. Fueron al súper a comprar todos los ingredientes y planearon el menú, pero al final la que terminó en la cocina y haciéndose cargo de todo fui yo…”.

 

“Existió una vez una panerita hecha por mi hija. Son de esos regalos que hacían en la escuela. Estaba formada con palitos de paleta y listón rojo. Jamás me gustó, pero la tuve por años en porque cada que la guardaba ella preguntaba que por qué no la ponía en el centro de la mesa cuando comíamos pan con la familia o con los invitados”.

“Soy una mujer que fuma y a mis hijos se les hizo buena idea darme de regalo un cenicero rojo. Este tenía un aditamento especial para que no oliera el tabaco. Lejos de agradarme, me pareció pésima idea y de muy mal gusto. Casi los desheredo”.

 

“Como mamá, sueles amar todas las cosas que hacen tus hijos. Mi mamá solía guardar todas, pero todas las cosas que yo hacía en la escuela, pero por lo mismo, a mí me creó aversión. Así que ahora, mis hijos suelen darme manualidades que conservo poco. La peor que me dio uno de ellos en un 10 de mayo fue un dibujo donde tenían que ilustrar qué es lo que más les gustaba de mí, y a mi hija se le hizo buena idea ponerme como una compradora compulsiva, cuando no los soy y siempre digo que estoy en contra del consumismo. Ya te cuento cómo quedé frente a todas la mamás Montessori”.

“Los peores regalos que me han dado son los que llamo ‘bola de boliche’ (por aquel episodio de Los Simpson cuando Homero le da a Marge ese grandioso regalo). Algo como darme boletos para un espectáculo en familia, para un concierto al que iremos todos o un viaje a un lugar donde mi esposo tenía que ir a trabajar. O sea, nada que sea especialmente para mí”.

 

“Sin duda, esos regalos que según fueron hechos por mis hijas de 2 y 3 años, pero son como una Mona Lisa que, obviamente hizo el profesor o alguien más. Preferiría cualquier dibujo ‘feo’ a esos engaños”.

Con todo el amor, desde Malvestida rogamos a quien nos lea que jamás, pero jamás se atreva o vuelva a dar regalos de este tipo a cualquier ser humano que habite este planeta.