La serie ‘Friends’ y su poder mágico para curar (casi) cualquier malestar emocional

Si alguna vez te has sentido triste, con ganas de un abrazo, pero en vez de llamar a un ser querido para hablarle sobre tu estado de ánimo, te viste prendiendo la tele o la compu para ver un capítulo de la serie ‘Friends’, no eres antisocial o tienes un problema de afecto. A muchxs nos pasa.

Soy de esa generación cuyas iniciales de su niñera de la infancia eran XHGC y que que pasó su adolescencia viendo ‘Daria’, ‘Celebrity Deathmatch’, ‘Los Simpson’, ‘Dawson’s Creek’ y, por supuesto, ‘Friends’. Y aunque la serie comenzó en septiembre de 1994 y acabó en 2004, es tan actual que me sigue dando risa y me siento identificada con muchas de las situaciones que ocurren en esas 10 temporadas.

A la fecha, he perdido la cuenta de todas la veces que he visto la serie, o las que he vuelto solo a ciertos capítulos cuando necesito levantarme el ánimo. Hasta hace poco, no lo había confesado porque se me hacía como muy fan, muy infantil o hasta perdedor.

Sin embargo, he descubierto que no soy una creepy que siente que Rachel, Mónica, Phoebe, Chandler, Ross y Joey son tan familiares como mis primas o mis hermanos. Habemos varios así por el mundo.

Terapia por pantalla

Cada vez son más los testimonios que escucho de gente de mi generación que se pone a ver ‘Friends’ como si fuese una terapia sicológica… Solo que esta es más inmediata, no hay que trasladarse y hay una promesa segura de que habrá risas y diversión.

“Yo me pongo a ver ‘Friends’ cuando me empiezo a clavar en mis odios”, dijo mi amiga Graciela. Algo así escuché decir a Thelma, otra amiga de Costa Rica, que cada que extrañaba a su novio o a su familia que estaban lejos, prendía la compu para ver capítulos de esta serie noventera.

O también Fer, a quien —en el cuarto de al lado del mío— le escuchaba cantar la canción del inicio cuando comenzaba a hacer sus freelance en la madrugada. Así no le daba sueño e importaba poco si no ponía 100% atención porque se sabía la historia de memoria.

Las razones que me han dado estas amigas es que ver ‘Friends’ es recordar un momento feliz. Sirve mucho para relajarse y pensar muy poco luego de un día pesado. Es estar en contacto con situaciones y personas conocidas donde no hay margen de error para sentirse mal, pues se sabe que todo terminará bien.

Un efecto mágico

Esta serie de Warner Bross no es la única que ha sido memorable en mi vida. Hay otras como ‘Breaking Bad’, ‘Ready or not’, ‘Saved by the bell’, ‘Clarissa explains it all’, ‘How I Met Your Mother’ o más recientemente ‘Love’, que tienen un lugar bien especial en mi corazón pop, pero a ninguna he regresado tantas veces como a ‘Friends’.

Tal vez porque la vi en tiempo real y por diez años esperé con ansias ese día de la semana (los martes, si no mal recuerdo) para ver un estreno de capítulo. Los finales de temporada eran gloriosos cuando comenzaban, pero una tortura al finalizar. Se sabía que habría meses sin poder ver nada nuevo hasta la siguiente temporada. No obstante, eran buenos meses para revivir la historia ooootra vez.

Hoy en día, las series que veo, aunque estén mejor producidas o tengan argumentos más interesantes o sesudos, tal vez pasan más rápido de mi afecto porque con esa misma velocidad las consumí.

Verlos desde otra perspectiva

Hay un fenómeno extraño con esta serie y otras con las que crecí. Estos seis amigos tenían unos 25 años al inicio de la serie, pero siento que aunque yo tenga 90 años, siempre voy a ver a esos personajes como mayores que yo, y me sentiré una adolescente observándolos. Es decir, que van a conservar esa distancia que les dio mi visión puberta.

No obstante, ahora que vuelvo a la historia, sé que son adultos bobos, tontos emocionales y bastante exagerados, pero ahí se encuentra parte de su encanto.

Y quién soy yo para juzgarlos. Si cuando cumplí 30 años, pasé por crisis similares a la de Rachel o Joey, que ven que la vida se le viene encima y no han hecho lo que planearon a esa edad. No soy tan loca del orden como Mónica ni tan cool como Phoebe, que puede cortar con sus novios de forma súper civilizada.

Sin embargo, sí podría ponerme a gritar amargamente porque alguien se comió el sándwich que dejé en el refri de la oficina, como lo hace Ross. También he optado por llevar ropa holgada, como Joey para comer sin que me apriete el pantalón, y siento que soy tan poco fotogénica como Chandler.

Ese lugar seguro

No creo haber dado ya el viejazo emocional. Ese cuando se cree que ya todo lo mejor de la vida pasó en la juventud y ahora solo queda aferrarse a los recuerdos. Sigo viendo series y emocionándome con nuevas historias, pero esta, en particular, se llevó una muy buena parte de mi vida y eso creo que ya no tiene punto de comparación.

‘Friends’ es un lugar tan cómodo y seguro como el sofá del Central Perk donde se sientan en cada episodio. Y al que siempre puedo acudir como si fuese un diván de mi sicólogx de confianza.