Así fue como escribir en mi muro de Facebook se convirtió en una especie de catarsis

Escribir en mi muro de Facebook

Foto. Thought Catalog

Texto. Jorge Mina

En mi cuenta de Facebook siempre recibo mensajes de personas quejándose de lo que pongo o no en mi muro. No me molesta, están en su derecho, pero estos últimos tres meses han sido muchísimas más que de costumbre, así que me puse a pensar por qué pongo lo que pongo…

Llegué a la conclusión de que todo, absolutamente todo, lo que escribo en mi muro de Facebook es para mí, no para los demás. Dejo que la gente lo vea porque es público, pero eso es otra cosa.

Empecé a usar Facebook como una especie de terapia, de catarsis y me ha servido mucho. Antes tenía pensamientos muy rápidos y repetitivos todo el tiempo y no sabía cómo sacarlos de mi mente, así que utilice la red social como una especie de diario.

Tap tap tap tap

Escribir en Facebook me ha ayudado para conocerme, aceptarme, descubrir cosas que me gustan de mí y otras que no. Me ha servido para vaciar mi mente de las ideas obsesivas o repetitivas, para perder el miedo a exhibirme como soy, para ser auténtico, reírme de mí y conmigo, para poder tocar los temas que me interesan y los que me molestan, entender el por qué y dar mi punto de vista.

Yo no le hablo a alguien en particular cuando escribo en Facebook. Simplemente vacío ideas que ocupan mi mente y que generalmente son sobre cosas que veo en mi entorno. Todo lo que escribo luego lo releo y así es como entiendo si esas ideas son mías o son impuestas y de dónde vienen: familia, sociedad, amigos, ego, etc.

Muchas veces, después de escribir algo, me río de lo que puse, porque entiendo que eso no viene de mí y que llevo creyendo eso porque alguien más me dijo que así debería pensar.

Dejar que el muro cobre vida

Vaciar mis ideas en Facebook también me ha ayudado a ser más empático con la gente, a respetar su opinión (aunque no parezca), a no tomarme nada personal y a aceptar otros puntos de vista.

Antes (hace mucho) me enojaban cosas que leía, pero hoy no. Hoy me río de casi todo y opino por gusto, no porque el enojo o la ansiedad me dominen.

También acostumbro a releer lo que me ponen en los comentarios y he logrado aprender de eso. Me ha ayudado a transformar mi pensamiento y a entender que hasta la opinión que más odie, siempre puede tener buenos puntos, y que la mejor opinión también puede venir acompañada de un par de pendejadas.

Lecciones internas

Sin este ejercicio de lectura y confrontación no habría dejado tantas cosas que no me gustan y descubierto otras que sí, como el veganismo, por ejemplo. No tendría el gusto por analizarme y analizar a la gente alrededor de mí y entender por qué piensan lo que piensan. No me hubiera podido conocer tanto como hoy me conozco. Además, estoy seguro al 100% que, sin este tipo de “terapia”, hoy sería alguien que no quiero ser.

Si no hubiera escrito tanta pendejada en Facebook (como muchos me dicen que escribo), no hubiera entendido que hay cosas con las que no estoy de acuerdo y no tendría la firmeza para decir: “eso no lo quiero hacer”.

No hubiera podido darme cuenta de la cantidad de ansiedad que cargaba y no la hubiera podido disminuir. Tampoco me hubiera podido dar cuenta de cómo escribo. Antes escribía sin poder parar, poniendo todo lo que venía a mi mente, sin pausas y sin orden. Y aunque definitivamente no soy el mejor escribiendo (de hecho, no puedo dejar de confundir “haz con has”, aunque me sé a la perfección la diferencia de las dos) me ha servido muchísimo para ser mucho más paciente y tolerante.

Pásele… quien quiera

Así que, en mi opinión (no tienen por qué compartirla), prefiero mil veces que mi Facebook sea un caos lleno de ideas y contradicciones, pero estar retándome y aprendiendo de mí constantemente.

Prefiero que se incomoden personas que he visto tres veces en mi vida o llevo 15 años sin ver, a tener un Facebook impecable y perfecto. Enseñándole a todos la parte feliz de mi vida “ciber-perfecta”, pero afuera, en el mundo real. Cometer todos esos errores con gente que me importa, cagarla en situaciones de verdad y ser imperfecto e infeliz en la vida real.

No es reclamo, pero ahora pienso que si algo de lo que escribo le molesta o no le cuadra a la gente que me sigue, para qué sufrir y enojarse, de verdad me pueden borrar, bloquear o lo que prefieran. No me lo voy a tomar personal. Es Facebook, sería ridículo.