6 razones por las que Sor Juana es la amiga liberal e intelectual con quien amarías tomar el cafecito

Sor Juana

De nacimiento es Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, pero popularmente es Sor Juana Inés de la Cruz, Sor Juana o Juana Inés pa los cuates. Vivió solo 43 o 46 años (existe una discrepancia entre su año de nacimiento), pero dio pasos muy relevantes para ella y para la sociedad mexicana, tanto que hoy la recordamos como una figura súper importante en la histórica.

Su padre era un militar español y su madre una mujer criolla. De niña, Juana Inés pasó su infancia entre Amecameca, Yecapixtla, Panoayan y luego se mudó a la Ciudad de México cuando tenía entre ocho y 13 años de edad. Hablaba náhuatl, español y después latín. De hecho, se cuenta que ella aprendió a leer y escribir a los tres años gracias a su hermana, quien le daba lecciones a escondidas de su madre.

Con esa habilidad y su curiosidad, descubrió la biblioteca de su abuelo y consumió muchos muchos libros. Leyó a los clásicos griegos y romanos, y la teología del momento que, como no había Netflix, parecía no aburrirle en absoluto.

Para poder dedicarse al estudio y que no la estuvieran molestando con que cuándo se iba a casar y que los hijos y la casa y eso, se hizo monja. Primero carmelita y luego jerónima. En realidad no era tan religiosa, pero este estilo de vida le daría espacio para sí misma y para dedicarse al conocimiento.

Y bueno, esa joven llamada Juana Inés fue una autora prolífica, pero también un cofre de sorpresas, de las que rescatamos algunas aquí para que te fascines con su historia.

Una mujer astuta

Sor Juana tuvo muchas anécdotas que la describen como una verdadera heroína, pero tal vez ella no pretendía serlo, sino simplemente buscaba hacer las cosas que más deseaba.

La anécdota más conocida de ella es que le pidió a su madre ir a la universidad disfrazada de hombre, pues las mujeres de su época tenían prohibido estudiar. Y sí logró estudiar, escribir, estar en contacto con intelectuales, con la música y la ciencia, algo que veía muy difícil porque era hija ilegítima y de una zona rural.

Otra también medio famosa es la que habla de su exigencia personal. Al estudiar una lección, cortaba un pedazo de su pelo si no la había aprendido correctamente, pues no le parecía bien que la cabeza estuviese cubierta de hermosuras si carecía de ideas. ¡Pum!

Cuando era adolescente, ingresó a la corte del virrey Antonio Sebastián de Toledo, marqués de Mancera. La virreina, Leonor de Carreto, convirtió a Juana Inés en su dama de compañía y así pudo acceder a tertulias con intelectuales del momento. En esa época conoció a María Luisa Gonzaga Manrique de Lara, condesa y nueva virreina de quien se dijo, estuvo enamorada.

Con ese estilo de vida logró desarrollar su potencial literario y demostrar ese pensamiento tan avanzado para su época (y para su edad).

Porque fue pionera en la literatura mexicana

En el siglo XVII, las mujeres no solían estar en el top de escritores. Y Sor Juana no solo lo logró sino que se colocó dentro del llamado Siglo de Oro de la Literatura (en Español). Junto a Juan Ruiz de Alarcón y a Carlos de Sigüenza y Góngora, destacó en la literatura novohispana.

Hizo poesía, principalmente, pero también le entró a escribir obra dramática. Escribió versos sacros y profanos, villancicos para festividades religiosas, autos sacramentales (‘El divino Narciso’, ‘El cetro de José’ y ‘El mártir del sacra’mento’) y dos comedias (‘Los empeños de una casa’ y ‘Amor es más laberinto’).

Feminista sin querer

De acuerdo con la mayoría de los filólogos que la han estudiado, Sor Juana abogó por la igualdad de los sexos y por el derecho de la mujer a adquirir conocimientos. El escritor y académico Antonio Alatorre lo explicó así: “Sor Juana es la pionera indiscutible (por lo menos en el mundo hispanohablante) del movimiento moderno de liberación femenina”.

En esta misma línea, la estudiosa Rosa Perelmuter analiza diversos rasgos de la poesía sorjuanesca: la defensa de los derechos de la mujer, sus experiencias personales y un relativo rechazo por los varones. Concluye que Sor Juana privilegió siempre el uso de la voz neutra en su poesía, a fin de lograr una mejor recepción y crítica.

Otras voces, como la autora Patricia Saldarriaga, aseguran que la obra ‘Primero sueño’, de Sor Juana, incluye alusiones a fluidos corporales femeninos como la menstruación o la lactancia. Un reflejo de la relevancia del papel de la mujer en el ciclo de la vida.

Una última curiosidad es sobre su sexualidad. Juana Inés no tuvo hijos ni se casó. Debido a su condición de monja, poco se supo sobre su sexualidad, pero los libros ‘Amores iguales. Antología de la poesía gay y lésbica’, de Luis Antonio de Villena, y ‘Un amar ardiente’, coordinado por Sergio Téllez-Pon, exploran ese lado.Tras analizar sus poemas, desvelan que Sor Juana mantenía una relación más que amistosa con la virreina María Luisa Gonzaga Manrique de Lara.

Una prueba se puede leer en este verso, donde le habla a Lisi, apodo cariñoso para la condesa. Sin embargo, le escribió muchos más, más de 50. Una relación a todas luces prohibida que se quedó en un enamoramiento intelectual.

Yo adoro a Lisi, pero no pretendo

que Lisi corresponda mi fineza;

pues si juzgo posible su belleza,

a su decoro y mi aprehensión ofendo.

Por este y otros textos, ha sido considerada una escritora no heterosexual.

Apodos poderosos

Ella no necesitó autonombrarse con adjetivos como “la arrolladora”, “la madres de todas” o “la gran señora”, como ciertas bandas o solistas populares, ¡no! A Sor Juana Inés de la Cruz el mismo pueblo le dio los sobrenombres de “Fénix de América” o “la Décima Musa”.

Y se los ganó a pulso, pues además de ser cretiva para la literatura, era una mujer de pensamiento liberal que, desde su ejemplo, exigió igualdad de derechos. El más importante para ella, el de la educación y el conocimiento.

Vía MikeMAMD

Sor Juana y el billullo

Es de las pocas mujeres que ha estado presente en el dinero mexicano. Actualmente están ella y Frida Kahlo (quien comparte con Diego Rivera el de 500 pesos), pero también han estado la corregidora Josefa Ortiz de Domínguez y la diosa Coyolxauhqui, que estaba en las viejas monedas de 50 pesos hasta principios de los años 90.

Antes de los nuevos pesos, Sor Juana aparecía en las monedas y billetes de mil pesos (que luego cambió a ser un peso). Ahora podemos verla en el billete mexicano de 200 pesos. La acompañan sus libros, un tintero, dos plumas y una ventana que hace referencia a la biblioteca o lugar de trabajo dentro del claustro donde pasó gran parte de su vida.

En el reverso hay una vista de la hacienda de Panoayan, lugar donde vivió Sor Juana. Hay una pila bautismal del templo de san Vicente Ferrer en Chimalhuacán, Estado de México. Al fondo se ven los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, un paisaje que seguro disfrutaba admirar.

Sus frases empoderadoras

Al estilo Paquita la del Barrio, pero más poéticas, claro. Sor Juana dejó frases tan empoderadoras y abrumadoras que aún se recuerdan. Algunos que han estudiado su obra han querido ver en ella mensajes feministas, pero no se puede asegurar. Una de las explicaciones es que ella no escribía desde un punto de visa social, sino más personal. En su famoso verso “Hombres necios”, acusa desde su persona a los hombres hipócritas y seductores, no al género masculino en su totalidad.

Sea como sea, recordamos algunas de ellas que son realmente hermosas.

“Constante adoro a quien mi amor maltrata; maltrato a quien mi amor busca constante”.

“La más brillante de las apariencias, puede cubrir las más vulgares realidades”.

“Si daros gusto me ordena la obligación, es injusto que por daros a vos gusto haya yo de tener pena”.

“Triunfante quiero ver al que me mata; y mato a quien me quiere ver triunfante”.

“No estudio por saber más, sino por ignorar menos”.

El final

Entre 1690 y 1691, Sor Juana Inés se vio involucrada en una disputa teológica luego de criticar un sermón del famoso predicador jesuita António Vieira. Este texto fue publicado por el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, bajo el título de ‘Carta atenagórica’. El religioso le respondió diciendo que debería dedicarse a otras cosas que no fuera escribir. Esto provocó la reacción de la poetisa a través del escrito ‘Respuesta a Sor Filotea de la Cruz’. Ahí defiende su labor intelectual y reclama los derechos de la mujer a la educación.

Esta Carta atenagórica fue un texto que le costó casi casi que la vida. A partir de toda la polémica que generó, se le prohibió escribir. Por eso, en sus últimos años de vida dejó sus instrumentos musicales y científicos, su literatura y se dedicó enteramente a sus tareas religiosas.

Tal vez eso la fue matando poco a poco. Pero su muerte llegó el 17 de abril de 1695, a causa de una peste tan letal que atacó el convento de San Jerónimo y mató a 9 de cada 10 monjas que enfermaron, ella no fue de las sobrevivientes.