Así fue como la distancia fortaleció el lazo con mi mejor amiga

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Foto. Lucas Lenzi

Cambiarse de país nunca es fácil, dejas atrás amistades que te gustaría conservar por siempre, pero a veces la distancia puede más que nosotrxs. He pasado por amistades de años que se han convertido en bonitos recuerdos –ahora solo me envían cadenas por WhatsApp. Suena triste, lo sé. Sin embargo, esta vez fue diferente.

He escuchado muchas veces que las amistades duraderas son las que conoces en la universidad. Y en mi caso, esos dichos son acertados. Conocí a mi mejor amiga en una clase que ambas odiábamos: matemáticas. Sin embargo, no fue ahí cuando congeniamos. Nuestra amistad surgió de manera inesperada, lo cual considero es lo más bonito porque se dio muy natural.

Con la convivencia diaria nos volvimos inseparables, tanto que nuestros conocidos se acostumbraron a vernos en paquete. Pero, ¿qué fue lo que nos unió? Nuestra mentalidad y la forma de ver el mundo, la sinceridad y tener las mismas metas. Incluso nos volvimos de esas personas con apodos que solo nosotras conocemos. Como en ‘Grey’s Anatomy’, ella es mi persona, es a ella a quién acudiría si algo sale mal.

Separadas por miles de kilómetros

Ambas teníamos interés en irnos de intercambio y qué mejor que disfrutar de esa nueva experiencia juntas, estábamos preparadas para alocarnos en el extranjero. Hasta que por azares del destino, no pude ir con ella. Se fue a Los Ángeles y ese fue el momento en donde creí que todo cambiaría —para mal—, que nos separaríamos y no hablaríamos nunca más.

En un inicio, y hoy sigue pasando en ocasiones, la tristeza se apoderaba de mí. Yo no terminaba de entender que ya no estaba aquí. Me sentía feliz por ella, pero al mismo tiempo cruzaban por mi mente pensamientos egoístas y quería que regresara. ¿A quién le iba a contar mis cosas? ¿A quién acudiría por consejos? ¡¿Con quién me reiría hasta llorar?!

Y no era la única que se sentía así. Me di cuenta que ella estaba igual. Sus constantes mensajes y llamadas demostraban lo duro que también fue la separación. Esto alivió gran parte de mi frustración. Y poco a poco comenzamos a mensajearnos a todas horas, como si estuviéramos ahí chismeando, y mínimo hacer FaceTime una vez a la semana. Decimos que es nuestro ritual, pero es más que eso, se volvió algo que necesitamos hacer.

La distancia nos ayudó a saber qué es lo que realmente importa, y eso es: Nunca abandonarnos pase lo que pase. Valoramos más el tiempo que podemos vernos y escucharnos. De este modo, la distancia no ha sido un obstáculo lo suficientemente fuerte para separarnos. Comenzamos a confiar más en la otra incluso estando tan lejos, a escribirnos cuando nos sentimos mal y no tragárnoslo. Creo que la clave ha sido no perder el interés en la amistad. Cuando eso se va, es muy probable que miles de kilómetros sí sean fulminantes.

Fuertes, capaces y chingonas

Una de las cosas más importantes de nuestra amistad es que cuando pensamos que ya no podemos más y el mundo se nos viene encima, ahí estamos para darnos un consejo, un abrazo aunque sea virtual. Siempre me recuerda que soy una chingona y que, si yo quiero, puedo con todo lo que se me atraviese en la vida. Es gracioso y suena a superación personal, pero nos decimos que somos “mujeres fuertes y capaces” todo el tiempo.

Algo en lo que siempre ha sido firme es que nunca me ha dejado abandonar mis sueños, me motiva y aunque esté en la negación, me saca de ahí –con jalón de pelo si es necesario. Me recuerda quién soy y que no debo olvidar lo que me apasiona porque me estaría olvidando a mí misma.

No estar físicamente en el mismo lugar fue lo que me hizo darme cuenta de que era una parte vital de mi vida. Ella ha sido de esas pocas personas que no me han juzgado en todo lo que hago. Porque hoy en día, todos tienen una opinión sobre lo que haces y dejas de hacer. Para mí, es liberador contarle cada aspecto de mi vida y no sentirme cohibida de expresar lo que pasa por mi mente o esperar una respuesta totalmente negativa de su parte.

Las almas gemelas no siempre son las que comparten un amor romántico, puedo asegurarlo.