Historias insólitas de noches de juerga, ¿qué pasó cuando te pasaste de copas?

noches de juerga

Foto. The Heat

Este tipo de conversación solo puede empezar cuando estás totalmente en sobriedad. Cuando intentas recapitular qué demonios pasó en esa noche de juerga y simplemente te das cuenta cómo sucedieron cosas “inexplicables”, locas, insólitas y sí, alguien puede terminar así porque bebió demasiado tequila, mezcal, enjuague bucal o hasta perfume (sí, esto en verdad pasó).

Decimos que solo se pueden hablar en sobriedad porque una vez que se cuentan así entra en juego la razón y sí, muchas, pero muchas risas.

Y como queremos compartir contigo las risas que nos han provocado esas historias, aquí las mejores y más irreales que hemos escuchado.

“Desperté en un sillón en casa de alguien desconocido… y en otro país”

Una de mis borracheras más épicas fue cuando vivía en Francia. Varios amigos y yo fuimos a echar unos tragos a casa de un chico que acabábamos de conocer para después irnos a un concierto. La reunión se puso tan intensa que terminé tomando shots de Absinthe como si no hubiera un mañana y como a las 10 de la noche ya estaba totalmente noqueada.

Lo siguiente que recuerdo es despertar, sin zapatos, en el sofá de un departamento en el que nunca había estado. En el otro sofá estaba durmiendo un amigo mío con el que había ido a la reunión.

¿Qué demonios pasó?

Cuando le pregunté qué había pasado en mi black out me dijo que me puse tan, pero taaaaan peda que cuando era hora ir al concierto, yo no podía caminar, y el chico del depa donde fue la reunión no dejó que nos quedáramos ahí en lo que me recuperaba.

Estábamos muy lejos de la civilización como para pedir un taxi, así que un amigo decidió que nos esperáramos un rato en las escaleras de los departamentos del wey hasta que se me pasara y pudiésemos tomar el último tranvía de la noche… pero no se me pasó. Yo era un bulto humano alcoholizado y hacía muchísimo frío. Así que mi cuate, en un intento desesperado por resolver la situación, subió con la vecina (a quien jamás habíamos visto en la vida) a pedirle posada y ella -después de pedirle su IFE- aceptó.

La vecina, una chava como de unos 30 años, no solo nos dejó crashear su sofá, sino que me quitó los zapatos y me puso una cobija para que estuviera más cómoda.

Finalmente nos despertamos como a las 5 de la mañana, le dimos las gracias y nos fuimos de ahí todavía algo pedos. Ese día comprobé que no todos los héroes usan capa.

“Cuando amanecí, tenía mi dirección escrita en el brazo”

Una fiesta de Halloween, donde conocí el vodka pimienta, se salió de control y me bebí casi una botella yo sola.

Los flashes que recuerdo de esa noche son: yo vestida de Jane (la amiga de Daria, pero sin Daria porque mi amiga que era pareja de disfraz nunca llegó); yo enojada porque nadie entendía mi disfraz; yo probando un vodka pimienta con agua quina; yo bailando alocadamente; yo sirviéndome otro vodka pimienta; yo obligando a mis amigas Minnie Mouse y Sailor Moon a probarlo; yo acabándome la botella de vodka pimienta ya con boing de guayaba; yo caminando por la calle Baja California en la madrugada con Sailor Moon igual de peda; yo llorando porque se cayó la carne de mi hamburguesa y me quedé con el pan en las manos… black out.

Cuando desperté, estaba en el departamento al que me acababa de mudar hacía una semana. Tenía aún las botas puestas y en mi brazo estaba apuntada la dirección de ese depa.

¿Qué demonios pasó?

Cuando desperté, parecía un tatuaje, pero era solo un texto escrito con plumón negro. Según me contó mi amiga Salilor Moon, su novio nos llevó caminando hasta su casa. Estábamos tan mal que en el camino nos compró unas hamburguesas para que se nos bajara la borrachera.

Como recién me había mudado, repetía mi dirección en mi mente para aprendérmela. En algún momento de la noche, mi instinto de supervivencia me llevó a apuntarla en el brazo con el rotulador para los vasos desechables. Y así pude llegar a mi casa, porque el novio de mi amiga le dijo al taxista que me llevara a esa dirección.

Esa noche supe que para cuidarme tengo a mis amigos, pero también a mi inconsciente responsable que siempre anda al tiro.

“Al día siguiente, no había tapa en el escusado, estaba en la azotea de al lado”

Era la fiesta de inauguración del nuevo depa de mi amiga y yo. El vecino de al lado era amigo de ambas e invitó a todo mundo. Llegó una inmensidad de gente así que él tuvo que abrir su depa para que cupieran todos. En el de él estaba la fiesta moderada y en el nuestro la loca. En algún momento me fui al depa de él para poder respirar y cuando volví al mío, a mi novio lo estaban cargando como para echarlo por la ventana. Mi roommate tenía un litro de enjuague bucal en la mano y “alguien” se lo bebió. Esa noche todo se salió de control y al despertar e ir al baño, simplemente no había tapa del escusado.

¿Qué demonios pasó?

Nos pusimos como locas a buscar la tapa del baño y no estaba por ningún lado. Al asomarnos por la ventana, vimos que  la tapa estaba en la azotea de la casa de al lado. Pensamos que así como querían aventar a mi novio de entonces, también se les hizo buena idea aventar la tapa. Esto no paró ahí. Una semana después, el abogado de la casera me habló al trabajo para reclamarme que en el cubo de la escalera encontraron muchos condones tirados. Que yo sepa nadie cogió en esa fiesta, pero sí fue muy alocada.

“Amanecí en la cama de un estudio de tatuaje”

Tengo muchas historias que contar, tal vez la más reciente fue que me quedé dos horas dormida en el metro de Madrid. Y habría seguido, pero me despertó una mujer policía que me dijo que no podía dormir ahí.

Sin embargo, de las más memorables es una donde salí con mis amigas en México. Con ellas todo siempre es exceso. Recuerdo que íbamos en un Uber y me vomité ahí, de ahí pasé a despertar en una cama en un estudio de tatuajes.

¿Qué demonios pasó?

Al día siguiente me enteré que el after había sido en el estudio de un tatuador. Como yo llegué en calidad de bulto, me echaron a la cama del estudio y ellos siguieron la fiesta. Cuando desperté no había nadie, no sabía dónde estaba y me asusté porque pensé que me había tatuado o algo así. Al final todo estaba bien.

“Al día siguiente, alguien se había bebido hasta un perfume”

Esta historia ocurrió en un lugar lejano a la Ciudad de México. Fue en una fiesta donde se acabó el dinero y, para seguir la peda, un wey hizo cocteles con un perfume. Nadie se los tomó, pero él sí se bebió el suyo.

¿Qué demonios pasó?

Nada. El hombre no fue a dar al hospital y nadie resultó herido. Bueno, lo peor del caso es que esta loción ni siquiera era suya y esa no era su casa.

En el historial de este individuo con un grave problema de alcoholismo y su grupo de amigos destacan hazañas como “la chancla”, lo cual consistía en beber una cuba desde un zapato.

“Acabé con dos chalecos salvavidas al lado de una alberca”

Esta historia comienza en el punto de una noche de fiesta en una casa a las afueras de la ciudad. Bebí demasiado y, al amanecer, estaba ahí solo, al borde de una alberca no con uno, sino con dos chalecos salvavidas puestos.

¿Qué demonios pasó?

Recuerdo poco antes de volver en razón, pero sé que me vi llenando una jarra con todo el contenido de una botella de vodka y la mezclé con jugo. Obvio era más alcohol que mezclador, me la bebí y de ahí que no recuerde nada. Con lo que pasó sé que mi instinto de supervivencia toma muchas precauciones, tantas como un doble chaleco para salvar mi vida por si en la borrachera me caía al agua.

Pd. Si vas a tomar hazlo con moderación.