Cómo es eso de congelar los óvulos, un plan B para probables e indecisas madres

congelar los óvulos

Foto. Omar López

Las madres, padres, tíxs, abuelxs y demás familiares pueden ejercer una presión social hacia las mujeres de más de 30 años que aún no tienen hijxs. Sin embargo, hay una presión más mala onda aún: las estadísticas de la realidad.

En México, según datos del INEGI, las mujeres tienen su primer embarazo, en promedio, a los 21 años y la tasa de fecundidad más alta está entre los 20 a 24 años de edad. Con estas cifras, es lógico que las treintañeras que desean ser madres biológicas ya empiecen a sentir que se les va su oportunidad de tener hijos de su vientre o, de tener uno, que su embarazo sea de alto riesgo o el bebé nazca con algún problema.

Justo para aquellas mujeres que sienten que la posibilidad de dar vida disminuye a su máximo conforme se acercan a los 40, llegó la ciencia en forma de refrigerador para congelar los óvulos. Es un procedimiento que detiene el tiempo, porque guarda esos huevecillos en su edad joven y, las mujeres, a la edad que crean pertinente, pueden usarlos para que se haga un embrión y, después, un bebé.

Para saber exactamente cómo ocurre esto en México, hablamos con Lorena Ruvalcaba, ginecóloga y bióloga de la reproducción en el Instituto Vida, y con la periodista Tamara de Anda “Plaqueta”, quien ya se sometió a ese proceso que para ella es un plan B genial.

Tú sí, tú mejor no

Esto de congelar los óvulos o vitrificación de ovocitos —mejor dicho— es un proceso al que no cualquier mujer puede someterse. “Entre menos edad se tenga, mejor. Lo ideal es hacerlo antes de los 35 años, porque así se asegura que la calidad de estos sea óptima”, explica la ginecóloga Ruvalcaba. Hacerlo antes de esa edad aumenta las probabilidades de certeza de que esos óvulos serán útiles y habrá mayor posibilidad de embarazo, añade.

Esta práctica se recomienda mucho a mujeres con endometriosis severa, lupus o artritis, que son “enfermedades que van bajando la cuenta y la calidad de óvulos”, explica Lorena, porque los óvulos de quienes padecen esto pueden envejecer aún a los 30 años.

Tamara fue justo unos meses antes de cumplir 34 años, edad límite que New Hope Fertility Center le marcó para poder acceder a una extracción gratuita de óvulos. “Ya lo había pensado hace unos años, y googlé los precios y se me hizo muy caro. El año pasado, una amiga gringa había descubierto una clínica donde los precios estaban costeables en comparación con los de Estados Unidos y me dijo que había hecho una cita. Entones, así, como plan de amigas después del gimnasio, súper señoras de las ofis, fuimos”, cuenta Plaqueta.

La idea resultó mejor para Tamara y su amiga, porque ahí les informaron que, si donaban la mitad de los óvulos extraídos, el procedimiento sería gratis. “Mi amiga y yo descubrimos que nada más había que pagar la renta del refri que los cuida. Sin embargo, ya después, cuando los quieras usar, ya es una lanisisisísima de la fecundación… pero eso ya es un problema de la Plaqueta del futuro”, no de la de ahora, que ya tiene sus óvulos guardaos.

Parece fácil, facilísimo

Someterse a una extracción de óvulos no es como ir a donar sangre (que tampoco es cualquier cosa). Para Plaqueta, que además iba a donar óvulos, fue mejor que para otras mujeres, pero no por eso fácil.

“Debes hacerte unos análisis, te peguntan sobre enfermedades genéticas de ti, de tu familia. Te hacen un examen para saber si tus cromosomas están bien alineados, porque si no lo están, hay problemas para que te embaraces”, explica Tamara, que recuerda que este proceso duró unos dos meses de análisis.

“Una vez que vieron que sí era candidata, me midieron los niveles hormonales y después tomé un tratamiento hormonal para que los ovarios se pongan súper locos y maduren —de forma artificial— más óvulos que de costumbre. Hay que ir cada día o cada dos días a que te midan los niveles de hormonas y te tienes que poner todas las inyeccioncitas que te dan”.

Según cuenta Tamara, en este proceso que dura semana o semana y media, el cuerpo de cada mujer reacciona distinto: “A unas les dio mucho malestar físico y a mí, la verdad, nada. Sí me dio un síntoma de que se me olvidaban cosas, como un black out en la peda, de que no recuerdo qué entrevistas hice, todo estaba muy borroso”.

Al final, cuando sus ovarios ya estuvieron gordisisísimos, Tamara sí sintió molestias. Es un estado tan delicado que no se puede ni hacer ejercicio por temor a que se lastime el organismo y resulta ser muy doloroso.

Un día antes de la expulsión, a Tamara le dieron una medicina para inyectarse a una hora muy puntual. “El día de tu extracción de óvulos, vas, te sedan y, a los 15 minutos, pasa sin que te des cuenta. Con una aguja manguerita extraen los óvulos maduros y listo”. Ahora ella solo tiene que pagar cada año la renta del refrigerador que mantiene sus óvulos jóvenes, sanos y congelados en el tiempo.

Dudas frecuentes

¿Qué tan nuevo es esto en México?

Aunque aún se cree que este tipo de procedimientos son como de Europa o Estados Unidos, en México ya llevan unos 10 años haciéndose de manera constante, explica Lorena Ruvalcaba.

Actualmente, en las clínicas certificadas que trabajan en la vitrificación de ovocitos, esto se puede hacer de una mejor manera. El problema no es congelarlos, sino descongelarlos y poderlos usar. La clínica cuenta con todos los insumos y la capacidad de su personal, hay altas posibilidades de éxito y en México hay muchas que lo ofrecen.

¿Existe un perfil de mujeres que piden con mayor frecuencia la extracción de óvulos?

Sí, hay dos, nos dice Lorena.

¿Qué tan costoso es?

De acuerdo con la bióloga de la reproducción, en el Instituto Vida el solo proceso varía porque hay que dar medicamentos, pero está entre 35 y 50 mil pesos.

Una vez que se quieran hacer los embriones y usarlos para potencialmente hacer un embarazo, el costo es de 20 mil o 30 mil pesos más. La anualidad de congelador es de 2 mil a 3 mil pesos.

¿Has visto casos de éxito, de que los óvulos congelados se hagan embriones y luego bebés?

Lorena ha tenido pacientes, sobre todo después de quimioterapia, que después de preservar sus óvulos, tienen embarazos exitosos.

¿Son muchas las que usan sus óvulos?

Son muy pocas las que los usan, regresarán por ellos menos de un 30 o 40%. La mayoría terminan embarazándose solas, reconoce la ginecóloga.

¿Qué pasa con los óvulos que ya no se usan?

Lorena explica que es posible donar los óvulos, pero que en su mayoría, los que ya no se usan, se desechan. En su caso, Tamara decidió donarlos a la ciencia.

¿A qué edad elegirías descongelarlos?

“Si me da eso de la maternidad, que no creo porque cada vez pienso que no me va a pasar, todavía antes de los 39 o 40, me aventaría a hacerlo de forma normal, ¡porque es gratis!”, dice Tamara. Y ya si no pega lo gratis, después de los 40 planea hacerse unos análisis para saber qué tan fértil es y si le conviene. “Pero qué tal que a los 47 me entra la loquera y quiero mis plaquetitos con mis chinos, pues ahí están los óvulos”.

Una opción B

Para Lorena Ruvalcaba, congelar los óvulos es ser parte de la historia de una familia. “Porque puedes conocerlos desde el principio. Desde que una mujer viene a preservar óvulos y puedes ir siguiendo toda su evolución hasta que llega a completar su familia con un bebé”.

Para Plaqueta, congelar los óvulos es una muy buena idea. “Sobre todo en estos tiempos en que la evolución ya se ha dado cuenta de que antes de los 30 no es una edad factible para tener hijos. Tener esto es un plan B, cuando a los 40 dices ‘chido, ya hice todo lo que quería hacer, es el turno para los hijes’. Esta es la forma de aventártelo así, con el embarazo y todo, sobre cuando adoptar es aún un tabú demasiado grande. Es una forma de romantizar todo esto, de decir ‘es que tiene mis ojos’, ‘tiene mis chinos’’, pero como no estamos listos, está chido mientras pasamos al siguiente nivel de humanidad”.