Laboratorio Malvestida: Usé looks monocromáticos una semana y esto fue lo que pasó

Cuando en la oficina Malvestida me propusieron realizar un reto, no dudé en aceptar. Todo comenzó con la inspiración de nuestro tablero de Pinterest en el que era muy común ver looks monocromáticos de distintos colores.

Después de un arduo análisis, llegamos a la conclusión de que debía ser muy atrevido vestirse —de pies a cabeza— de un solo color todos los días, así que me propuse intentarlo por una semana para ir a la oficina y nunca imaginé lo difícil y divertido que podía ser.  Aquí te cuento mi increíble experiencia

Inicio del reto

Debo de confesar que al estar buscando inspiración en Pinterest y en lo más profundo de mi closet, encontré muy buenas prendas que casi no utilizaba, soy de esas personas impulsivas que cuando sale de compras, si me gusta algo, lo llevo; lo malo aquí es que a veces usas esas prendas una sola vez o duran años en el armario esperando volver a ser usadas.

Y a pesar de que mis colores favoritos para vestir están entre una variada gama de tonos oscuros (negro, obvio) y colores terrosos (verde olivo, mostaza y naranjosos) esos que caracterizan al otoño –mi estación predilecta del año– suelo tener prendas de varios colores que casi no uso y compré por mis momentos de impulsividad.

Este reto fue la excusa perfecta para acomodar mi clóset y rescatar varias prendas olvidadas. Al comenzar a echar a andar mi semana de días monocromáticos, estuve dividiendo mi ropa por colores, para ver qué era más efectivo utilizar —debía tener al menos tres prendas de un outfit, del mismo color para completar un look—.

Después de buscar, comencé a seleccionar los colores y las texturas. A excepción de los zapatos (que solo tengo en colores básicos), no fue tan difícil; con mis opciones de colores, comenzó la eliminación de las prendas para elegir las primeras combinaciones.

Lunes -Rojo-

Decidí comenzar el lunes con toda la actitud y me vestí de pies a cabeza con tonos de rojo. Después de tanto buscar, encontré alrededor de ocho prendas en mi armario (que ni me acordaba que tenía); elegí tres que combinaban muy bien: una falda de tubo en terciopelo rojo, un suéter ligero y un abrigo del mismo color.

Looks monocromáticos

Ese día descubrí que no es tan fácil combinar las prendas aunque sean del mismo color. Había blusas que no se veían bien con la falda o que tenían un rojo más intenso que no encajaba. Para los accesorios encontré una pequeña bolsa en la que tuve que meter a la fuerza lo que cargo diario para ir a la oficina y unos zapatos prestados que, aunque me quedaban algo grandes, no se notaba mucho. ¡Todo sea por el reto!

Me vestí completamente de rojo. Me sentí diferente y hasta con más confianza al caminar, ya me había preparado para saber que llamaría la atención (una persona que mide 1.70, vestida toda de rojo, es difícil que pase desapercibida). Como vivo al otro lado de la ciudad y tengo que utilizar el metro para llegar a la oficina, ver las reacciones de la gente en el trayecto fue mi parte favorita del experimento.

Looks monocromáticos

Ese día muchxs me vieron raro (más las mujeres), después de un rato me acostumbré a las miradas indiscretas y seguí mi camino. A la salida de la oficina encontré a una señora vestida igual que yo, toda de rojo, que solo me sonrió.

Martes -Naranja otoñal-

El martes fue difícil, quise probar con un vestido verde, pero en realidad solo tenía dos cosas y no encajaban para nada. Al final, encontré que tenía muchas prendas de color naranja otoñal, un tono que me gusta mucho, pero que jamás imaginé vestirme con todas ellas en el mismo outfit.

Los accesorios y zapatos no fueron problema, ya que tengo varios, hasta una fedora incorporé al look. Ese día fui a hacer el super y toda la gente me miró sorprendida, no sé si por el sombrero o porque de lejos parecía que estaba desnuda por ser un color un tanto nude.

Vestir de naranja no me dio tanta confianza como el rojo. Me hizo sentir más vulnerable al camuflajearme con el tono de mi piel. Al final fue divertido verme desde un espejo y notar que sí lucía muy llamativa.

Miércoles –Negro–

El clima estaba muy frío, así que el look en negro total quedó perfecto. Este fue el día menos difícil, ya que tengo muchas prendas de ese color y fue muy fácil combinarlas. Me puse un pantalón básico, botines, una blusa cruzada y una gabardina con gorro.

Looks monocromáticos

No hubo miradas indiscretas o sorprendidas, prácticamente el negro de pies a cabeza no es un color que llame la atención… Además de que hay mucho dark por ahí que así se viste magníficamente a diario, y junto a esos de piel maquillada de blanco y pelos súper producidos, yo era un ser ordinario.

Jueves –Amarillo–

El amarillo es mi favorito, por eso tenía muchas ganas de vestirme así. Sin embargo, fue muy difícil encontrar que toda la ropa de ese color encajara en un solo atuendo, además de que casi no tengo accesorios amarillos y mucho menos zapatos.

Al final encontré una falda de terciopelo (no sé por qué tengo tanto terciopelo) amarilla que me compré hace mucho para un disfraz, la combine con un suéter y agregué una pequeña bolsa dorada que hacía buen juego.

Ese día hizo calor durante un buen rato, así que el hecho de estar toda de amarillo hizo que mi mood combinara con el clima. Este color me hizo sentir feliz y fue divertido ver cómo destacaba, tanto por la falda como por el color en sí.

Una señora desconocida me pidió una foto y fue muy gracioso. Al final resultó ser un look monocromático que disfruté mucho.

Viernes –Rosa–

El rosa no es uno de mis colores preferidos, sin embargo, tengo algunas prendas en tonos pasteles que usé y me gustaron durante un tiempo. Fue fácil encontrar cómo combinarlas: elegí una falda de ante rosa, un suéter y unos zapatos rosa pastel.

Looks monocromáticos

Ese día descubrí que el rosa sí te hace sentir —de alguna forma— muy femenina, no sé si también influyó mucho el utilizar una falda, pero ese día me sentía de esa forma.

Looks monocromáticos

Veredicto Final

Después de cinco días de looks monocromáticos, aprendí que no es fácil combinar colores con tonos muy similares, me faltaría mucha ropa y accesorios para utilizarlos diario.

El color en la vestimenta es un factor importante que puede cambiar nuestro estado de ánimo sin que nos demos cuenta. Influyó mucho en la actitud que tuve al experimentar vestir de un solo color.

Al final de todo, fue muy divertido ver las reacciones de las personas que aplicaban la mirada indiscreta para mirarme, mientras que otros de plano les valió y me observaron fijamente. También hice que mi mamá se sintiera orgullosa de verme, por fin, «combinada», ya que siempre me crítica por mis looks habituales. Y es que la señora en su juventud era de esas que hasta el cinturón y las uñas combinaba con el resto del outfit.

Y tú, ¿que opinas? ¿Te atreverías a intentarlo?

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