Laboratorio Malvestida: Dejé de comer carne durante un mes, y esto fue lo que aprendí

Dejé de comer carnes rojas

Foto. Brooke Lark

Quien me conoce sabe que no perdono unos buenos tacos de barbacoa, que mis chilaquiles favoritos llevan arrachera y que la carne a la boloñesa me queda deliciosa, por eso cuando decidí volverme vegetariana (durante un mes) más de una amiga levanto la ceja como diciendo “¿Es neta?”.

Las razones para realizar el cambio fueron varias, desde temas de conciencia ambiental y salud, hasta simple y sencillamente intentar algo diferente y ver cómo me sentía.

Lo primero que hay que saber es que hay varios tipos de vegetarianismo. Yo opté por la más “light” si podemos decirlo así, porque aunque dejé de comer carnes rojas y pollo, no abandoné los lácteos y huevos (como sí lo hacen los veganos) y además hubo un par de días en los que comí pescado.

Aquí las principales lecciones después de un mes sin carnes rojas ni pollo:

Dejar la carne no es tan difícil

Para muchas personas tener una comida sin carne es igual a no comer de verdad. Sin embargo, una vez que la dejas de lado descubres que hay todo un mundo de ingredientes y recetas por descubrir.

Para mi experimento reuní varias ideas que encontré en Pinterest y me lancé a preparar verduras en todas sus presentaciones e incluso granos como el cous cous y la quinoa, que antes rara vez aparecían en mi dieta. Descubrí que la berenjena y las lentejas eran mis nuevas mejores amigas y lo sencillo que era transformarlas en platillos completos.

Hay todo un mundo más allá de las ensaladas y, en cuestión de sabor y variedad, las verduras tienen muchísimo que ofrecer. Además, cada vez hay más restaurantes con opciones vegetarianas, así que salir y pasarla bien no fue ningún problema.

Te dan ganas de ser más saludable

Uno de los primeros cambios que sentí fue que después de comer me sentía ligera y con energía, y se acabó ese sentimiento de necesitar una siesta para continuar con el día. Además, en todo el mes no hubo ningún momento en el que me diera el famoso “mal del puerco”.

Física y anímicamente me sentí muy bien y eso generó que tuviera ganas de tomar otras opciones más saludables como dejar los refrescos y bajarle a la comida chatarra, dormirme más temprano, etc. Hay un sentimiento de bienestar que te va contagiando y extendiéndose a otras áreas de tu vida, y aunque no sentí que bajara de peso, algunas personas sí me dijeron que me notaban más delgada.

Hay que aprender a comer

Aunque tenía idea de más o menos qué tipo de alimentos combinar para tener una dieta balanceada (porque no planeaba comer quesadillas todo el mes), realmente fue un proceso de ir escuchando y sintiendo lo que mi cuerpo me pedía.

Durante toda la experiencia, solamente hubo un día (a mitad de la segunda semana) en el que me sentí sin energía y como si a mi cuerpo le faltara algo. Así que comí pescado y el alma me regresó al cuerpo.

¿Mi recomendación? Si te vas a lanzar a hacer una dieta vegetariana, valdría la pena consultar a un nutricionista o experto en el tema para saber cómo lograr un buen balance de nutrientes y de dónde obtener la suficiente proteína que ya no consumirás a través de la carne.

Ahorras dinero

Con lo que te cuesta un kilo de carne puedes comprar un kilo de papas, cebolla, arroz, tomate y demás verduras para toda la semana. Si hablamos de granos o semillas, incluso para todo el mes. Así que noté que mi cuenta del super disminuyó considerablemente, sobre todo cuando iba de compras al mercadito cerca de mi casa.

La otra opción es que sigas gastando lo mismo, pero mejores la calidad de los productos que consumes, como optar por comprar alimentos orgánicos o superfoods que enriquezcan tu dieta.

Tus amigos van a tener una opinión al respecto

Salvo un par de excepciones (que dijeron que no duraría más de una semana sin carne), encontré que cuando le compartía a mis amigxs que me había vuelto vegetariana de forma temporal, todxs tenían algo positivo que decir al respecto e incluso mencionaban que es algo que les gustaría intentar.

Además descubrí que conozco a más gente vegetariana y vegana de la que creía, y todxs tuvieron excelentes consejos, además de mantenerme motivada.

Conclusión

Quizá no estoy lista para dejar la carne por siempre, pero consumirla menos es un cambio que definitivamente quiero incorporar a mi vida de manera permanente.

Después de terminar el experimento, la decisión que tomé es que quiero mantener esta dinámica y seguir descubriendo y experimentando con nuevas recetas vegetarianas. Al menos en mi casa no volveré a comprar carne, sino intentaré mantener una dieta vegetariana la mayor parte del tiempo y reservar las carnes sólo para ocasiones muy especiales fuera de casa.