5 cosas que cambian en tu vida cuando te asumes como feminista

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Foto. Corey Motta

No recuerdo exactamente cuándo fue que me asumí como feminista por primer vez, pero lo que sí me queda claro es que es algo que ha moldeado cómo veo y me relaciono con el mundo actualmente.

Ante los ojos de mucha gente, ser feminista es algo que puede resultar complejo. Por una parte, están quienes no entienden el movimiento y piensan que se trata de un grupo de mujeres odia hombres que siempre están a la defensiva. Por el otro, tal y como escribió Lolbé González en este texto para Malvestida, pareciera implicar “una invitación para que cualquiera se acerque a inspeccionar tramo por tramo de tu vida, a ponerte el examen” y ver si cumples con los requisitos de una buena feminista.

Sin embargo, a pesar de los clichés o prejuicios, lo que es innegable es que el feminismo es algo que cambia tu percepción de las cosas y te obliga a replantear tus dinámicas, o al menos así ha sido para mí.

1. Comienzas a cuestionarte todo… todo el tiempo

Desde cosas aparentemente triviales como “¿por qué me depilo?” hasta otras más trascendentales como “¿por qué tantas mujeres que conozco han sufrido abuso sexual”, el ser feminista me ha dado una llave mágica para cuestionarlo todo e identificar de dónde vienen ciertas creencias o costumbres que han permeado en la sociedad a lo largo de los años. (Spoiler alert: casi siempre vienen de una estructura patriarcal, ya sea religiosa, cultural o social).

El hacerme todo tipo de preguntas me ha permitido dejar de asumir que las cosas “son como son” sólo porque alguien así lo decidió, o creer que esas estructuras son inamovibles, para así tomar decisiones basadas en lo que realmente quiero para mí.

2. Buscas representación en todos lados

Cuando te asumes como feminista, jamás vuelves a ver las cosas de la misma forma. Situaciones tan sencillas como echarle un ojo al cartel de un festival de música, de inmediato te brincan cuando ves que no hay equidad. ¿Un concierto con 20 bandas lideradas por hombres y sólo dos por mujeres? ¿Pooooooor?

Lo mismo pasa con los congresos, series, películas, instituciones de gobierno y hasta con los anuncios de la tele. El feminismo es como ponerse unos lentes de rayos X que evidencian las fracturas machistas de nuestra sociedad, incluso donde jamás pensamos encontrarlas.

3. Eliminas amigxs de Facebook… y de tu vida

Cuando te asumes como feminista descubres que los chistes misóginos que antes pasabas por alto (con tal de no ser señalada como amargada), hoy ya no parecen tan inofensivos. Y aunque te puede dar por profesar la “evangelización feminista” para tratar de explicar tu postura, muchas veces resulta cansado y simplemente es mejor dejarlo ir.

Así que comienzas a eliminar a gente de tus redes sociales… como ese amigo que publicó “Mujer, una vestimenta decente que no revele mucho tu cuerpo nos lleva a amarte y respetarte, nos dice que eres una mujer virtuosa que se puede llevar a casa para ser esposa y madre” (texto basado en una historia real que terminó en un unfriend).

Al final del día, para qué mantener una amistad con alguien que tiene una postura tan dispar a la tuya en un tema tan importante como la equidad de género?

4. Reconoces tus privilegios

Aunque puede haber similitudes, la experiencia de cada mujer es distinta alrededor del mundo, y el asumirte como feminista significa volverte más sensible ante esas vivencias, tanto propias como ajenas, y darte cuenta de los privilegios que posees por pertenecer a ciertos grupos dominantes.

Como explica Maisha Z. Johnson en un artículo para Everyday Feminism, “Cada uno de nosotros (sí, incluso los más desaventajados) tiene una identidad que se beneficia de la explotación de otro grupo, por lo que negarte a enfrentar tu propio privilegio ayuda a mantener la opresión en su lugar”.

Por ejemplo, ser heterosexual en una sociedad que discrimina a la comunidad LGBTQ; tener tez blanca en una cultura racista o ser delgada en una construcción de la belleza que menosprecia los cuerpos gordos, son solo algunos ejemplos de privilegios que podemos experimentar en el día a día, los hayamos pedido o no.

Reconocer dichos privilegios no significa sentirse mal por poseerlos, sino ser consciente de esas diferencias y abogar por una sociedad en la que todxs puedan tener las mismas oportunidades. No se trata de accionar desde una actitud paternalista o condescendiente, sino una colaborativa en la que te preguntes: ¿Estoy llevando a cabo actitudes para reforzar esa inequidad sin darme cuenta? ¿Cómo puedo ser un/a mejor aliada en la lucha de grupos más vulnerables?

La propia Maisha Z. Johnson da algunos consejos concretos: “Apoya políticas que le den a todos el acceso a los recursos que necesitan y merecen. Centraliza las voces de aquellas personas que son marginadas de diferentes formas, para que puedan liderar nuestros movimientos a las raíces de la opresión estructural que nos perjudica a todos”.

5. Descubres nuevos círculos de amistad

Tengo la teoría de que por cada persona que te llame “feminazi”, cinco nuevas te dirán “hermana”, porque asumirse como feminista también es redescubrir la sororidad y el poder de la colaboración femenina. Festivales, colectivos, revistas, proyectos artísticos o comunidades empresariales, el feminismo une a mujeres diversas alrededor del mundo.

A medida que investigas y entiendes por qué existe el feminismo, vas encontrando voces que resuenan con tu mensaje, personas con una actitud colaborativa que buscan sumar y apoyarte, aunque también habrá otras que buscarán cuestionarte. No siempre es fácil, ni podemos estar todas de acuerdo, pero al final del día encuentras que en el centro de todo está la búsqueda de una sociedad más equitativa para todxs.