¿El divorcio está en los genes? Datos que tal vez no queríamos saber

Foto. Cooper Smith

El himno masoquista “yo no nací para amar, nadie nació para mí” no deja de retumbar en los oídos desde que leímos un dato que para muchxs puede ser aterrador: “las personas que tienen padres divorciados tienen más probabilidades de experimentar el divorcio en sus propias vidas”. ¡¿Khá?!

Y no es que todxs aquí queramos una vida de final de cuento de hadas, pero parece totalmente injusto que los científicos sociales se hayan dedicado a arruinarnos un poco más la “vida perfecta” que aún no tenemos.

Según recopila la revista Vice en un reportaje, un estudio de 2008 publicado en el Journal of Family Issues encontró que el divorcio de los padres aumentaba el riesgo de terminar el propio matrimonio dentro de los primeros cinco años en un 70%. A esto se suman estudios de este 2017 que corroboran esta teoría: las probabilidades de divorcio son aún mayores si tuviste padres divorciados.

Razones sociales

Si nos van a asustar así, hay que tener bases para hacerlo. Por desgracia, las hay. Una de las más lógicas alude a la convivencia social, es decir, que según lo que vemos es como nos formamos, crecemos, nos comportamos y, por ende, lo podemos llegar a replicar.

Así, cuando los padres se divorcian, la opinión de sus hijos hacia el matrimonio cambia y hasta debilita su creencia al respecto y de ahí que haya una predisposición al compromiso con esta famosa institución.

¿Recuerdan haber aprendido sobre el significado del divorcio en la escuela o más bien haberlo entendido con alguna experiencia propia o de algún familiar? Esta respuesta puede ser una base que explique el inicio de esta causa.

Razones biológicas

Un estudio hecho por la Universidad Commonwealth de Virginia (EU) y la Lund University (Suecia), sugiere que los hijos de padres divorciados son más propensos a divorciarse si se compara con aquellos que crecieron en familias biparentales; los factores genéticos son la principal explicación.

No es que exista “el gen del divorcio” o “el gen del matrimonio fallido” y se contagie de padres a hijos, pero sí una coincidencia biológica que hace opinar fuertemente que los rompimientos matrimoniales se dan más entre los que comparten el ADN, incluso si no han vivido juntos.

Así lo prueba el estudio anterior, que hizo experimentos con grupos de personas que fueron adoptadas cuando eran niñxs y compararon esto con las historias de sus parientes biológicos y adoptivos. Pese a haber crecido en un ambiente distinto al de su familia biológica, si en la línea genética había divorcios, era común replicarlos; esto aunque sus padres adoptivos siguieran juntos.

Al terminar el análisis, Jessica Salvatore, profesora asistente en el Departamento de Psicología de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de Virginia, explicó que “encontraron evidencia consistente de que los factores genéticos explican principalmente la transmisión intergeneracional del divorcio”.

La última pieza para atreverse a afirmar que el divorcio está en los genes fue el análisis de las experiencias de divorcio de hermanxs biológicxs y adoptivxs. Descubrieron que los divorcios de unxs no tenían ningún vínculo con los divorcios de sus hermanxs adoptivxs. Sin embargo, las personas eran más propensas a divorciarse cuando un hermanx o medix hermanx que había sido criado por otra familia se divorció.

¿Entonces?

Tanto los factores sociales como los biológicos han dado pruebas bastante creíbles de que un conjunto específico de rasgos de personalidad (altos niveles de neurosis y bajos niveles de restricción), tienden a ser hereditarios y estos son los que aumentan las probabilidades de divorcio.

Otra conclusión, que advierte de no tomar estas investigaciones como algo totalitario, es que no se debe pensar que el divorcio es solamente culpa de la genética, ni que, porque nuestros padres se hayan separado, ese sea el destino que nos espera. Para echar abajo esta creencia, están millones de matrimonios duraderos, felices y saludables cuyos integrantes (uno o ambos) vienen de padres separados.

No obstante, los hijos de padres divorciados sí presentan en su personalidad una predisposición a tener matrimonios que no duren para siempre, explica Justin Lehmiller, director del programa de Psicología Social de Ball State University, afiliado de la facultad del Instituto Kinsey.

El divorcio no es la muerte

Aunque el divorcio representa un fracaso para algunos, hay ocasiones en que la separación legal es una salida a una vida más tranquila. Si la relación no está funcionando, si el matrimonio no ha resultado ser satisfactorio sino un infierno, ¿conviene aferrarse a él?

El divorcio suele verse como sinónimo de drama, de pleitos, pero podríamos llegar a mirarlo como el fin de un episodio, el cierre de un ciclo para comenzar uno nuevo, ya sea con otra pareja o ser feliz con nosotrxs mismxs.

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